La verdad para Wittgenstein en el Tractatus

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La referencia fue presentada el 18 de febrero de 2017 en el Seminario de Textos del Seminario del Campo Freudiano de Bilbao en la clase impartida por G. Briole. La mención a Wittgenstein está en el Seminario XVII de J. Lacan, clase 4 “La verdad hermana de goce”.

El filósofo, matemático, lingüista, ingeniero de motores y jardinero, Ludwing Wittgenstein -nacido en Viena en 1889 y fallecido en Cambridge en 1951- es un personaje de novela o de cine. No en vano contamos con una biografía escrita por Ray Monk donde aparecen sus diarios íntimos o con la película curiosísima que lleva por título su nombre y que dirigió Derek Jarman en 1993. Vida plagada de enganches y desenganches, en la dicen que sus últimas palabras fueron “Dígales que mi vida ha sido maravillosa“.[1] Llamativo en alguien que según sus diarios a menudo estuvo atormentando por la idea del suicidio.

Un día le preguntó a su profesor Bertrand Rusell «Profesor, quiero que usted me diga si soy un idiota porque si lo soy voy a seguir dedicándome a la inge­niería; y si no, deseo dedicarme a la filosofía». Pru­dentemente, Russell le contestó: «No lo sé. Tráigame algo que haya escrito para que pueda leerlo y hacerme una idea” Al leerlo concluyó: «Usted no debe dedicarse a la ingeniería».  

Su famoso libro “El tractatus logicus philosoficus” fue escrito mayormente en el frente durante la primera guerra mundial en la que combatió y en la cual fue reclutado preso en Italia. La publicación del libro resultó muy complicada pese a tener un prólogo y una recomendación de B. Russell. Unos editores le propusieron editarlo si él cargaba con los gastos de edición. Wittgenstein respondió: escribirlo ha sido asunto mío, ahora es asunto del mundo publicarlo por la vía usual. También fue contrario a introducir cualquier mínima variación en el libro. Escribe en el prólogo que la verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece intocable y definitiva. En otra carta a Russell le dice que el Tractatus echa por tierra toda nuestra teoría de la verdad. Todo en él es claro como el cristal: nadie lo comprenderá. Incluso sobre Frege dirá que no entiende una palabra de mi trabajo y ya estoy completamente agotado por tantas aclaraciones. Finalmente, tras muchos rechazos, el libro se publicó en 1921, siendo el único que vio publicado en vida.

En el libro, la motivación fundamental de Wittgenstein es la de despatologizar el lenguaje, situando un límite certero entre aquello de lo que se puede hablar y aquello de lo que no puede hablarse. Se trata de un intento de constituir un lenguaje fundamental, despojado de la equivocidad que induce el habla. El problema es la profunda “incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje”. Resume su propuesta desde las primeras páginas: “lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente, y de lo que no se puede hablar hay que callar”. Entonces, ¿qué lugar queda para aquello que no puede ser dicho claramente y sobre lo que hay que guardar silencio? La mística, palabra clave para entender su obra. Le escribe en una carta de presentación a uno de sus editores: “Mi obra se compone de dos partes, lo que aquí aparece y todo aquello que no he escrito. Y precisamente esa segunda parte es la importante. Todo aquello sobre los que muchos parlotean lo he puesto en evidencia yo guardando un respetuoso silencio sobre ello. Tenemos entonces la mostración lógica mediante el lenguaje y la mostración mística sin lenguaje alguno. Lo ético, lo estético y lo religioso no tiene soporte lingüístico, ni mundano y quedan del lado del silencio.

Para entender esto hay que situar su teoría pictórica del lenguaje según la cual la estructura del mundo equivalente a la la estructura gramatical. Wittgenstein plantea una correlación entre las proposiciones elementales y los hechos atómicos del mundo. Para él pensar es hablar y hablar es pintar el mundo, representar el espacio lógico de los hechos, representar un estado de cosas posible. Entre pensamiento, lenguaje y mundo hay algo idéntico que posibilita la figuración. Son isomórficos, tienen la misma estructura lógica -gramatical-. Así como el lenguaje se descompone en nombres y en frases (o proposiciones), el mundo se descompone en cosas (a las que corresponden los nombres) y estados de cosas (a las que corresponden las proposiciones).

Tenemos pues una metafísica descriptiva y atomista junto a una concepción del mundo como la suma de la totalidad de los hechos. La obviedad del mundo para Wittgenstein se manifiesta en el hecho de que el lenguaje sólo le significa a él y sólo a él puede significar. El significado de una frase es su posibilidad de verdad y la posibilidad de verdad significa la posibilidad de existencia (o inexistencia) de los estados de cosas a los que hacen referencia. Entonces, lo verificable es aquello que puede ser verdadero o falso: si una construcción gramatical se refiere a hechos posibles del mundo tiene significado. ¿Qué sucede entonces con las proposiciones que no hablan del mundo sino que lo valoran, o las que usan nombres que no se corresponden a cosas? Pues que no son ni verdaderas ni falsas, son absurdas. Así que todas las proposiciones de significado son tautológicas, precisamente porque no dicen nada del mundo, lo describen, lo pintan transparentemente sin añadir nada más. Todas valen lo mismo ya que todo valor está fuera del mundo, es como un plus de sentido que uno quiere añadir a las cosas, pero ese plus no cabe en el lenguaje lógico, se desborda. Ninguna proposición sirve como Nombre del Padre.

Sirven de ejemplo algunos de los puntos finales del Tractatus. Según el 6.4 el sentido del mundo tiene que residir fuera de él. En el mundo todo es como es y todo sucede como sucede: en él no hay valor alguno. La ética entonces queda del lado de lo sobrenatural, el lenguaje ético es inexpresable, absurdo en términos lógicos: nunca pintará ningún hecho del mundo. Por su parte la ciencia, como conjunto de los hechos y de las proposiciones verdaderas, es meramente tautológica. Describe la identidad de las proposiciones y los hechos sin añadir nada, un mero a=a. Por eso concluye Wittgenstein que aunque todas las cuestiones científicas estén solucionadas, sentimos que todavía no se han tocado siquiera nuestros problemas vitales. Y en esto ya  no hay pregunta alguna porque no hay respuesta posible. La única respuesta es el silencio, la falta de pregunta,  la disolución del problema. En el punto 6.45 El sentimiento del mundo como un todo es lo místico. 6.5 Una respuesta que no puede expresarse, tampoco cabe formular la pregunta. 6.51 El escepcticismo es absurdo, quiere dudar allí donde no puede preguntarse. Porque solo puede existir duda donde existe una pregunta, una pregunta sólo donde existe una respuesta y ésta sólo donde algo puede ser dicho. Punto 7 y final del libro: de lo que no se puede hablar hay que callar.

La simbolización de lo real, producida por Wittgenstein con sus proposiciones elementales y hechos atómicos, deja un resto cuyo destino es la forclusión: lo místico no pertenece al campo de las proposiciones, está radicalmente separado del sistema. La verdad queda forcluida.

Ya con su sistema lógico-filosófico terminado, llega el tiempo de cumplir con la última proposición: entre 1920 y 1926 Wittgenstein se retira de la actividad filosófica llevando al acto el aforismo mencionado.

Jacques Alain Miller en su conferencia titulada “El psicoanálisis, su lugar entre las ciencias” plantea sin embargo que esa  famosa conclusión del Tractatus que lleva al del silencio, esa idea lógica, es inaceptable en psicoanálisis. El psicoanálisis adopta un edicto verdaderamente contrario porque en la experiencia analítica precisamente uno debe hablar de lo que no se puede decir, cosa que proporciona una ocasión para probar que las palabras no son suficientes para decirlo todo.[2]

Íñigo Martinez Martinez


[1] Todas las citas a lo largo de la referencia en Wittgenstein, Ludwing “Tractatatus logico-philosophicus” ed. Alianza 1987, Madrid. Las que tratan de su biografía se encuentran en la introducción que realizan a esta edición Jacobo Muñoz e Isidro Regera.

[2] Miller, Jacques-Alain, (1988) “El psicoanálisis, su lugar entre las ciencias” en https://psicoanalisisyciencia.wordpress.com/documentos/el-psicoanalisis-su-lugar-entre-las-ciencias/

Por | 2017-04-28T16:53:56+00:00 27 marzo 2017|#7 LINK!|Sin comentarios

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