Lo que se desencadena es producto de lo que se desanuda. Preguntarnos por los distintos modos de anudamiento y sus quiebros posibles, es dar respuesta a las  causas de un desencadenamiento.

Lo que se anuda es el significante como Uno al  cuerpo como Otro; el Uno de lalengua que hace agujero en el cuerpo pulsional organizando la líbido y  al mismo tiempo  la construcción del Otro del lenguaje. Uno que deja la marca del goce perdido para siempre y lo imposible de la relación sexual.

Si nos situamos en los tres registros del nudo: Real, Simbólico e Imaginario, siendo lo real siempre disruptivo, es en el registro simbólico y en el imaginario, donde podemos leer las fragilidades y rupturas que pueden dar lugar a un desencadenamiento.

En el campo de  las psicosis sin el Nombre del Padre, encontramos las emergencias de ese goce no sujetado ya ni simbólica ni imaginariamente como causa del desanudamiento.

Éric Laurent, en su conferencia: “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”[1], nos propone tres conceptos a trabajar para orientarnos en esta nueva clínica: “ El parletre, el acto, la jaculación, sometidos a la lógica del HaiUno”.

Quisiera retomar el HaiUno desde la vertiente de lalengua y el parletre; de como el HaiUno de la lengua, en su efecto de sentido y agujero sobre el cuerpo real, construye lo que llamamos el parletre, mixto de libido y pulsión, que quizás nos permita acercarnos al funcionamiento del sinthome, a su vertiente de sentido y de goce opaco; a lo que anuda y disrumpe.

J.-A. Miller en su clase “El ultrapase”[2], nos habla de tres consistencias clínicas: La primacía de lo simbólico, donde todo el peso cae del lado del significante, siendo la forclusión del Nombre del Padre y la aparición de “un padre” en lo real lo que nos da la clave para la lectura del desencadenamiento. La consistencia clínica  del fantasma, que nos da la clave de la posición del sujeto como objeto para el Otro, tanto en la neurosis frente al deseo del Otro, como en la psicosis frente al goce del Otro. Finalmente, la consistencia clínica del sinthome, da cuenta de cómo  la norma fálica ha perdido su primacía y pasa a ser una entre otras  soluciones que el sujeto toma para orientar su goce. Esto nos mete de lleno en la problemática de los nudos y en las distintas maneras de presentarse el agujero forclusivo cuya emergencia es la causa del desencadenamiento.

La perspectiva de los desanudamientos como causa de los desencadenamientos, es la que nos abre Lacan al ir más allá de la perspectiva freudiana ; en tanto la genealogía Lacaniana, como dice J.-A. Miller en su curso “Un esfuerzo de poesía” [3], se desplaza del padre a la mujer. “…perfora la metáfora paterna hasta alcanzar el deseo de la madre y el goce suplementario de la mujer”.

Allí pues, en el ser nombrado para, o en abrochamientos sin el Nombre del Padre, es donde podemos indagar los inventos del parletre; sus pequeñas soluciones para ingeniárselas con el goce; goce siempre imposible.

La continuidad lógica  en los desencadenamientos, es plantearse el tema de la transferencia, es hablar del lugar del analista en la cura, esa  posición  que orienta el acto analítico en la buena dirección, facilitando encontrar o reencontrar nuevos anudamientos.

En su seminario “El Sinthome”[4], Lacan nos propone tres campos de anudamiento de R.S.I. en donde podríamos pesquisar el lugar de las rupturas del nudo. De un lado el sentido que se produce en la unión  de lo simbólico con  lo imaginario; de otro lado, el goce fálico que sitúa en el entrecruzamiento de lo simbólico y de lo real; finalmente, el lugar en donde ubica el verdadero agujero ,el lugar de “no hay Otro del Otro”, en el entrecruzamiento del Imaginario con el Real. Lacan dice allí la frase que nos permite iluminar la concepción de lo real en psicoanálisis: “…Puedo pensar que lo real está en suspenso…”. Es desde este punto que intentaré ubicar  el desarrollo que hace Eric Laurent  en la clase 24 del curso de J.-A. Miller: “Del Síntoma al fantasma. Y retorno”[5], donde me he encontrado un modo muy lúcido de decir cómo un psicoanalista puede ubicarse frente a la psicosis en un buen lugar más allá de mero secretario.

Laurent nos propone lo siguiente [6]: “…Lo que haría falta es dar cuerpo a este goce ausente del Otro y hacer un pequeño esquema donde el imaginario estaría en continuidad con lo real…” “…Se trata de operar una continuidad con lo real del goce…”; “La operación analítica sería por lo tanto introducir una erotomanía provisional que apuntaría a ese punto donde podría alcanzarse el establecimiento de lo que sería un síntoma para el sujeto”.

Entiendo que, el analista soportando la posición de cierta erotomanía bajo transferencia, puede señalar para el psicótico, que se presenta como objeto; otro objeto que no es el cuerpo del psicótico, si no un objeto exterior equidistante que permitiría al sujeto psicótico la creación de un cierto síntoma funcional.

Se me ocurre  el modo en que un sujeto psicótico puede libidinizar por ejemplo su obra creativa.

 

Ricardo Rubio


[1] Éric Laurent. Disrupciones del goce en las locuras bajo transferencia. El Psicoanálisis nº 33.

[2] J.-A. Miller. El ultrapase. Freudiana nº 66.

[3] J.-A. Miller. Un esfuerzo de poesía.

[4] Lacan. Seminario 23: “El Sinthome”.

[5] J.-A. Miller. Del síntoma al fantasma. Y retorno. Clase 24 “El sujeto en la psicosis”.

[6] Opus, cit.