
XXII Conversación Clínica del ICF
¡GOZA!
Delicias y tormentos de los malestares actuales
Barcelona, 7 marzo 2026
Con la intervención de Laurent Dupont y Gustavo Dessal
El título de esta nueva Conversación condensa uno de los rasgos paradigmáticos de la época y de la clínica que debemos asumir. El malestar contemporáneo se inscribe en la lógica del superyo, instancia que Freud definió como “abogado” del ello, representante psíquico de una demanda insaciable y tanática.
El discurso bajo cuyo imperio vivimos y que a su vez repetimos de manera circular, posee una estructura mimética a los mecanismos del goce. Por esa razón, la exterioridad de ese discurso resuena en la interioridad del ser hablante, creando las condiciones para que el superyo se convierta en el amo que reniega de la castración, exigiendo al sujeto la realización de lo imposible.
Así se ha creado una cultura en la que lo forcluído por la hegemonía científico-técnica retorna en lo real de nuevos síntomas que exigen del analista una labor preliminar: crear las condiciones simbólicas para que esas formaciones puedan abonarse al inconsciente y de ese modo ingresar en la dinámica de la transferencia. Hablamos de fenómenos transclínicos como conductas hetero y autolesivas, pasajes al acto que se disparan en forma de cadena significante rota, adicciones, marcas psicosomáticas, martirio compulsivo del cuerpo, impulsiones que buscan alcanzar un goce desprendido de la medida fálica, y muchos otros síntomas que se presentan como irreductibles a toda forma de cura.
“Kant con Sade”, escrito que Lacan publicó en el año 1963, es un preludio asombrosamente lúcido del estado impuesto en la civilización. Su famosa frase de que Sade “da la verdad” de Kant fue la introducción al mundo que hoy conocemos y que se ha naturalizado en distintas variantes, todas ellas unidas por el común denominador de una ley absoluta y tiránica que rige en lo más íntimo del sujeto. Nadie está exceptuado de comenzar por el deleite del sometimiento y acabar en el infierno para dar consistencia al Otro que ordena gozar hasta matar y morir.
En su seminario “La ética del psicoanálisis” (1959-60), Lacan interpreta el fantasma perverso que sostiene la ley kantiana como: “Tengo derecho a gozar de tu cuerpo, puede decirme quienquiera, y ese derecho lo ejerceré, sin que ningún límite me detenga en el capricho de las exacciones que me venga en gana saciar en él”. ¿Acaso esta fórmula no es aplicable a la crueldad con la que el superyo se apodera de la política, de la manipulación de los cuerpos, de su persecución y reclusión concentracionaria?
Doce años más tarde, en su seminario “… o peor” (1971-1972), Lacan analiza las consecuencias de “yadl’Un”, de que la no-relación sexual está en la raíz del sinthome, y orienta el modo de gozar de cada uno. La caída del padre produce la asunción del modo de goce singular como tentativa de lazo social. ¿Qué consecuencias supone esto en las curas y en los diagnósticos?
La aceleración tecnológica, que actúa como elisión del tiempo de comprender y precipita el momento de concluir sin pasar por la elaboración inconsciente, es en sí misma un síntoma social que se traduce en la sobre-explotación, el cansancio y el sufrimiento que el ser hablante nos dirige en la actualidad. El dolor de existir es sistémico por definición, efecto de la lengua y su repercusión en el cuerpo. Pero no debe confundirse con la degradación de la vida que se impone de manera creciente y donde la clínica analítica puede ofrecer una resistencia ética para aliviar lo que no cesa de escribirse como mortificación en lo real.
Laurent Dupont y Gustavo Dessal