De este modo, la orientación de la enseñanza de Lacan sobre la melancolía es clara: no la aborda a través del afecto de tristeza, sino más bien en su relación con el acto suicida. A su vez, la manía es no-función de a, no-extracción de este objeto que provoca, con el rechazo de todo ciframiento del goce por el inconsciente, el retorno en lo real de un goce que invade el organismo y lo sacrifica.

Por un lado, acto suicida; del otro, rechazo del inconsciente. ¿Cómo ligarlos?  Precisamente, a partir de un binario de la enseñanza de Lacan que Jaques-Alain Miller  desarrollo: Acto e inconsciente.  El acto se sitúa siempre en un horizonte de rechazo del inconsciente. De este modo, manía y melancolía se nos presentan como dos figuras de lo mismo; el pasaje al acto melancólico se junta con la dispersión maníaca del sujeto en la lengua.

Eric Laurent