‹‹Podemos fundarnos en los siguiente, cada vez que Freud se detiene, como horrorizado, ante las consecuencias del mandamiento de amor al prójimo, lo que surge es la presencia de esa maldad fundamental que habita en ese prójimo. Pero, por lo tanto, habita también en mi mismo. ¿Y qué me es más próximo que ese prójimo, que ese núcleo de mi mismo que es el del goce al que no oso aproximarme? Pues una vez que, me aproximo a él […] surge esa insondable agresividad ante la que retrocedo, que vuelvo en contra mío, y que viene a dar su peso, en el lugar mismo de la Ley desvanecida, a lo que me impide franquear cierta frontera en el límite de la Cosa.››

Lacan, Jacques. El Seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 225.