‹‹Porque no es solo el Otro quien me fuerza, es también el Otro en mí, al que Freud bautizó como el superyó, aquella voz interior y silenciosa que me somete a una exigencia que yo no elijo. El superyó es la voz autoritaria que silencia y que impone hacerse cómplice de la pulsión, la ajena y la mía. El superyó es lo que obstruye mi revuelta al imponerme una forma de silencio en la que mi deseo es maltratado, desacreditado, a veces traumatizado. Pero el franqueamiento de la frontera entre lo que deseo y lo que me impongo se me indica en alguna parte de mi cuerpo. Siento angustia y también miedo ante la idea de perder lo que creía que ganaría al consentir.››

Leguil, Clotilde. Ceder no es consentir. NED ediciones, Barcelona, 2023, p. 173.