‹‹Por lo tanto, si se prescinde de un factor constitucional que cabe admitir, es lícito afirmar que la conciencia moral severa es engendrada por la cooperación de dos influjos vitales: la frustración pulsional, que desencadena la agresión, y la experiencia de amor, que vuelve esa agresión hacia adentro y la transfiere al superyó.››

Freud, Sigmund. “El malestar en la cultura”. Obras completas, vol. XXI. Amorrortu, Buenos Aires, 1992, p. 126.