
En el siglo XXI hay que elegir: parlêtre o tecnopersona1
El carácter superyoico de los preceptos y protocolos que amenazan nuestra práctica fue anticipado por Lacan al actualizar la formulación del imperativo kantiano –Haz de modo tal que la máxima de tu acción pueda ser considerada como una máxima universal-, en los términos de la electrónica y la automatización: actúa de tal suerte que tu acción siempre pueda ser programada2.
Precisamente, el impacto que ocasiona en los sujetos la captura de las pantallas es comparable a la sugestión que Freud detectó en la ciega servidumbre a las consignas propia de la psicología de las masas, al comparar el efecto de tal sugestión con una inducción directa en el cerebro. Y que Lacan tradujo como la aphanisis del sujeto debida a la acción del significante amo, como efecto de una alienación constitutiva de nuestra condición de hablantes.
Aunque algunas precisiones se imponen a fin de elucidar la transformación que se está operando en nuestras vidas con su inevitable inmersión en la vida on line que propician las tecnociencias. En primer lugar, surge la pregunta acerca de si es posible mantener la idea de que estamos ante una forma del discurso del amo, esto es, ante un lazo social, un discurso que podría ser respondido, dialectizado, argumentado, del que es posible salir hacia otra modalidad de lazo.
Y ello en la medida en que, según lo ha precisado Javier Echeverría, nos enfrentamos a un capitalismo de datos3, una modificación sustancial introducida en el capitalismo regido solo por el dinero. Esto ha dado lugar al estrellato de los dueños de grandes corporaciones (los señores del aire) y los estados se convierten, debido a su dependencia tecnológica, en meros gestores, eso sí, bajo la consigna del ahorro y la austeridad… excepto en el negocio de la guerra.
Miller ha desentrañado la eficacia de esta operación que tiende a la desaparición de lo Uno y es suplantada por lo múltiple, una multiplicidad que se presenta en el campo de lo psi y de la pedagogía bajo la forma de experticia. Lo bueno, lo verdadero no solo no son significantes amos, ahora son significantes esclavos, afirma, subordinados al visto bueno de los expertos. Y concluye Miller con una aseveración de gran alcance: Se ha producido una mutación ontológica, una transformación en la relación del sujeto con el ser: La cifra de cuantificación se ofrece como la garantía del ser4.
Por su parte, Eric Laurent se refería a la escucha absoluta de los ciudadanos en la era digital, “autorizada por la potencia técnica que permite el almacenamiento de los datos personales de cada uno vía Big Data.”5 En esta operación que hacemos efectiva en el momento en que pulsamos cualquier botón de los lathouses que se han añadido a nuestros cuerpos, somos irónicamente considerados “agentes”, participamos activamente en la alimentación de los cálculos predictivos que organizan los algoritmos. Un panorama que se completa con el trabajo de Gerard Wacjman, quien nombró nuestros tiempos como la época del Ojo absoluto6, sin resquicios para el secreto, el velo y la intimidad, estamos rodeados de objetos que nos ven. Una realidad que ha dado lugar a la noción de capitalismo de la vigilancia7.
Enajenados los objetos del deseo, la mirada y la voz, el imperativo ¡Goza! es activado por nosotros mismos según el comando de acciones que llevamos a cabo cuando nos conectamos, colaborando así con la tecno-aphanisis que nos priva de nuestra condición de parlêtres, entregados a funcionar solo como tecnopersonas, mediante el artificio voraz de las imágenes que nos capturan, pero en cuyo reverso se ubica la mirada soberana, la que nos convierte en voyeurs observados.
En segundo lugar, surge la cuestión de los medios para frenar este movimiento que parece en una sola dirección, que Lacan en el final del seminario VII, atisbaba al formular la pregunta sobre qué va a resultar cuando el libro haya sido totalmente comido.
Seguimos a Echeverría cuando nos invita a trabajar en pos de la descolonización mental en la que estamos sumergidos. En nuestros términos, nos incita a cultivar la separación de semejante efecto aphanísico a través de la acción del pulmón artificial (no de la IA) que representa el psicoanálisis, al ofrecernos habitar la alethosfera, allí donde el deseo es tan vital como el aire, según las palabras de Antonio Di Ciaccia.
Vilma Coccoz
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Javier Echeverría, Lola Almendros, Tecnopersonas. Grama. Buenos Aires.2023.
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J. Lacan, Seminario VII La ética del psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires. 1992 p. 95-96
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Javier Echeverría, Crisis de la inteligencia. Gepeto 4 y otros tecnopinochos. Youtube KMKZusenean
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Jacques-Alain Miller, Todo el mundo es loco. Paidós. Buenos Aires. 2015. P.139
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Eric Laurent, El reverso de la biopolítica. Grama. Buenos Aires. 2017. P. 247
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Gérard Wacjman, L’oeuil absolu. DENOÉL, París. 2010. P. 15
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Cfr. Shoskana Zuboff, The age of surveillance capitalism.
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