Cuando hablamos del concepto de desencadenamiento en la psicosis, tenemos que diferenciar dos momentos o dos formalizaciones como lo nombra Miller. (1)

Un primer momento, donde la noción de discontinuidad cobra toda su relevancia, implica una novedad frente a la psiquiatría clásica, ruptura frente a proceso, y final de la psicogénesis. Es la clínica estructural, el desencadenamiento se produce por la forclusión del Nombre del Padre.

En el Seminario III Lacan dice: “Voy a poner bastante énfasis en lo que hace la diferencia de estructura entre neurosis y psicosis”. (2)

Sorprende, cuando en el contexto de fundamentar esta diferencia, se pregunta “¿Qué es el comienzo de una psicosis? ¿Acaso una psicosis infantil? ¿Hay una psicosis infantil? No digo que responderemos a esta pregunta, pero al menos la haremos. Todo parece indicar que la psicosis no tiene prehistoria”. (3)

Toma el caso del “hombre de los lobos” de Freud ilustrando un episodio alucinatorio en la infancia.

“Jugando con su cuchillo, se había cortado el dedo, que sólo se sostenía por un pedacito de piel. El sujeto relata este episodio en un estilo que está calcado sobre lo vivido. Parece que toda localización temporal hubiese desaparecido. Luego se sentó en un banco, junto a su nodriza, quien es precisamente la confidente de sus primeras experiencias, y no se atrevió a decírselo. Cuán significativa es esta suspensión de toda posibilidad de hablar; y justamente a la persona a la que le contaba todo, y especialmente cosas de este orden. Hay aquí un abismo, una picada temporal, un corte en la experiencia, después de lo cual resulta que no tiene nada, todo terminó, no hablemos más de ello”. (4)

Esta afirmación “cuán significativa es esta suspensión de toda posibilidad de hablar”, me recuerda a una adolescente silenciosa, con escasa vida social, que cuenta que tiene miedo, en su cabeza hay pensamientos que no desaparecen y manías, describe efectos sobre el cuerpo de estos pensamientos. Muestra tener muy poco que decir sobre esto, solo que empezaron cuando siendo pequeña, en el patio del colegio, había escrito su nombre en la arena, una profesora lo borró. No dice nada más, algo cambió, borraron su nombre y se quedó con mucha pena y lloró, no lo contó a nadie.

Voy con sumo cuidado, teniendo en consideración otra afirmación de Lacan, “es bien conocido el hecho de que un análisis puede desencadenar desde sus primeros momentos una psicosis, pero nadie ha explicado nunca por qué. Evidentemente está en función de las disposiciones del sujeto, pero también de un manejo imprudente de la relación de objeto”. (5)

El analista no está del lado de dar sentido, toma nota de este punto decisivo marcado por el sujeto, del relieve que destaca en un discurso muy plano y escaso, de esta discontinuidad.

En los niños, podemos pensar la articulación con el segundo momento de la clínica borromea. El Nombre del Padre es solo un modo de anudamiento, pudiendo existir otros modos de anudamientos. En este sentido se habla de continuidad y el concepto de desencadenamiento es sustituido por el de desanudamiento.

Miller en la Conversación de Arcachon a propósito de la continuidad-discontinuidad, dice: “Tenemos más una graduación que una oposición tajante”. (6)

A propósito del comentario sobre del caso B, presentado por Deffieux, donde se detalla un recuerdo del sujeto a los 8 años y habla sobre el carácter de fenómeno elemental, Miller puntúa que no es necesario hacer girar todo en torno de la cuestión continuo y discontinuo. Y añade “El único punto verdaderamente interesante es práctico: ¿cómo hacer para que la evolución de un sujeto sea más continua que discontinua, es decir cómo evitarle las crisis, los desencadenamientos, las escanciones? (7)

Siguiendo la argumentación, Laurent toma la clínica de los niños para repensar. Dice:

“Vemos niños que desde que se presentan ante el analista son psicóticos. ¿Cómo hablar de desencadenamiento? ¿Dónde situarlo? Apenas entran en la vara de la palabra y ya se inscriben rápidamente en ese registro. ¿ Cómo situar el desencadenamiento? Vemos más bien modos extraños de desenganche y de articulación con el fondo, sobre el cual se recortan la palabra o la escritura del sujeto”. (8)

Nos propone volver a situar la clínica del desenganche del Otro con la clínica de la producción de la pulsión, ya que van de la mano.

Tenemos entonces un campo abierto para la investigación de la clínica en los niños y lo que anuda o desanuda.

Carmen Campos


NOTAS:

(1) Miller J. – A. Los Inclasificables de la clínica psicoanalítica. Buenos Aires 1999, Paidós pp. 318-9.
(2) Lacan J. Seminario 3 Las Psicosis. Paidós 1985 pp. 126.
(3) Ibid p. 126.
(4) Ibid p. 24-5.
(5) Ibid p. 28.
(6) Miller J. – A. Los Inclasificables de la clínica psicoanalítica. Buenos Aires 1999, Paidós p. 319.
(7) Ibid p. 327.
(8) Ibid p. 341.