Últimas consideraciones de Freud sobre el agieren

Así como en 1914, Freud trata del acto como repetición en la transferencia, en 1938, lo retoma desde otra perspectiva:

“Es muy indeseable para nosotros que el paciente, fuera de la transferencia, actúe en lugar de recordar; la conducta ideal para nuestros fines sería que fuera del tratamiento él se comportara de la manera más normal posible y exteriorizara sus reacciones anormales sólo dentro de la transferencia”

Freud, S. (1938) “Esquema de Psicoanálisis”. En Obras Completas, Tomo XXIII, p.177, Buenos Aires, Amorrortu.

Conviene sin duda tomar este párrafo de Freud -se podrían escoger muchos otros de tono muy contrario- con toda la ironía posible. O bien hacer su crítica con sus propios argumentos releídos por Lacan. Porque ¿qué entendería Freud por “conducta ideal”, por “reacciones anormales” en contraposición a “comportarse de la manera más normal posible”? Casi parece una concesión del creador del psicoanálisis a la galería social para hacer pasar lo subversivo de su discurso de una forma más amable, así como hacemos hoy a la hora de publicar en los medios de comunicación sobre temas de psicología. El malentendido está servido. Ninguna de estas tres concesiones se sostiene en realidad para entender qué es para Freud la dimensión del “acto”, y menos todavía para entender qué leyó Lacan de este acto en la obra freudiana. Es en este tipo de párrafos sacados de contexto -aunque fuera con la máxima según la cual todo lo que no se recuerda está destinado a ser repetido en acto- donde se apoyó una Psicología del Yo -es decir, la Psicología de hoy- para reducir la experiencia analítica a una ideología de la adaptación a la normalidad, ideal siervo de la sociedad que motiva todas las servitudes voluntarias.

En realidad, sólo con aquella otra máxima freudiana según la cual todo sueño ocurrido en el transcurso de un análisis es un sueño de y en la transferencia, bastaría ya para dar al traste con este párrafo y con la idea de un “afuera” distinto de una “adentro” de la transferencia que haría suponer la existencia de un Otro del Otro, o también de una verdad sobre la verdad en la que se fundaría la interpretación analítica. Dicho de otro modo, el sujeto estirado en su cama soñando su sueño está tan dentro de la transferencia como cuando se estira en el diván para hablarle a su analista. La misma verdad se articula en un lugar y en el otro por la simple razón de que son uno y el mismo lugar. Entonces ¿qué querrá decir en este abstruso párrafo la expresión “fuera del tratamiento”? Quiere decir que el analista no está ahí donde debería estar, en la cabecera del analizante. Y es ahí donde el propio Freud sabrá leer el valor corrector del acting out para la dirección del análisis. No se trata siempre en el acting out de un error del analista. Sólo es así en la medida en que el analista haga precisamente del recurso a la realidad un criterio para la supuesta verdad sobre la verdad que motivaría su intervención. (Ver por ejemplo el famoso caso del “Hombre de los sesos frescos” de Ernst Kris comentado varias veces por Lacan). Se trata en el acting out de la propia estructura de la transferencia como motor y freno a la vez del tratamiento, sin un interior y un exterior definibles fuera del propio discurso del sujeto del inconsciente.

Entonces, mejor remitirse a la lectura de Lacan al final de su reseña de enseñanza del Seminario sobre “El acto analítico”, con sus tres aforismos puestos en serie -no hoy Otro del Otro, no hay transferencia de la transferencia, no hay lo verdadero sobre lo verdadero. Y oponer al párrafo de Freud este otro de Lacan con el que valdría la pena seguir su comentario:

“Igualmente el acto psicoanalítico mismo está siempre a la merced del acting out del que hemos descrito más arriba con qué figuras hace sus muecas. Y es importante subrayar la naturaleza con la que Freud mismo nos previene de ello, cuando no es tanto en el mito donde lo sostuvo en primer lugar, sino en el recurso al escenario del teatro” (1).

Lacan evoca allí la tragedia de Edipo de Sófocles, donde se trata fundamentalmente del acto sexual prohibido y del acto del asesinato del padre, y la tragedia de Agamenón de Esquilo. Siempre que se trata del acting out se trata del escenario donde el Otro de la transferencia está presente, ya sea para advertirlo del lugar que debe ocupar en la transferencia o del lugar que el sujeto mismo ocupa en ella. En una estructura tal, ninguna referencia a la normalidad de una realidad exterior como valor último de la verdad del sujeto puede prevalecer sobre la verdad que se estructura como una ficción en su discurso.

Y es ahí, donde no hay Otro del Otro, ni verdad de la verdad, donde todo recuerdo se demuestra finalmente como un recuerdo encubridor, tal como Freud mismo se encargó de señalar muy pronto. Así, la otra máxima podría muy bien revertirse -¿Qué acto encubre en realidad todo recuerdo en el análisis?

Miquel Bassols


(1) Jacques Lacan, “Comptes rendus d’enseignement 1964-1968”, Ornicar nº 29, avril-juin 1984, p. 23.