Autoestima

 “Hay un motivo de análisis muy frecuente en la actualidad, y es la llamada ”falta de autoestima”… se sitúa en una zona de evaluación que el sujeto hace de sí mismo, de sus capacidades, de su ser, en relación a un ideal que le sirve de medida”. Y al final del capítulo: “En el manejo de la transferencia negativa nunca hay que tomar los términos despreciativos que emplea el sujeto para sí mismo, ni siquiera bajo una forma denegatoria. Por ejemplo, si el paciente dice que es un estúpido, no conviene decir “usted no es un estúpido”, porque eso no deja de significarse como un insulto. Es sólo un ejemplo”

J.-A. Miller “La transferencia negativa” p.18 y 21. Tres Haches. Buenos Aires, 2000.

“Quizá la memoria nace de las excepciones” dice Josep María Espinàs, un escritor catalán.

Hay misterio en los inicios de una conversación analítica. Ni el analista ni el candidato a analizante saben cual es el protocolo a seguir. Se inspiran a partir de las reglas de la abstinencia de saber y gozar por parte del primero. Y de la asociación libre por parte del segundo.

Pero el arte de analizar no solo depende de la formación del analista, también corre su suerte según el gusto de este por saber del Otro, quizá mejor decir los Otros, de la época. De su lectura y de los debates que despierta.

Si estuviésemos a mediados del siglo pasado sería menos probable que algún ciudadano pidiese un análisis a causa de la autoestima. Más habitual sería constatar el sufrimiento por su falta de autenticidad y su cobardía, de su miedo a la libertad ante el desmoronamiento de los grandes ideales que enfajaban las neurosis modernas.

Ha caído el régimen de la represión del capitalismo social. La época promueve la satisfacción, una nueva alianza escénica entre las identificaciones del individuo y las realizaciones pulsionales con el apoyo de los gadgets tecnocientíficos. Eso tiene consecuencias y el gradiente de la falta de autoestima es un buen norte de la brújula social y cultural actuales.

El desbiselado de los ideales modernos genera una gran confusión contemporánea pero no impide su persistencia bajo semblantes transmutados.

En esta encrucijada la postmodernidad presenta un patchwork de ideales que exigen al individuo rendimiento o superación y un hacer incansable por la satisfacción de exhibir una buena imagen ante un Otro omnivoyeur. El individuo lucha por reconocerse en el infierno de lo igual. Compara de manera continua, compulsiva, todo con todo. Y el programa oculto de la sociedad del consumo aspira a eliminar la alteridad atópica a favor de diferencias consumibles en constante renovación. “Vivimos en una sociedad cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad (1). El mundo se presenta como una proyección interminable de un sí mismo exhibicionista y la autoestima es el resultado de la evaluación continua.

El artilugio de la experiencia analítica

Los individuos acuden a la experiencia analítica glosando sus inhibiciones, sus síntomas o sus angustias. Hoy en día suelen mostrar su mal funcionamiento a la espera del trabajo del especialista. La falta de autoestima es el síntoma social que suele recogerlos, un naming del malestar de la época que merece ser atendido para así dar paso a la emergencia del sujeto singular con su propia memoria de excepción.

El síntoma de la autoestima o la denigración del sujeto es chillón. Su encanto invita a hacer con la caridad o el ánimo. Darle valor lo alimenta. El reverso se encuentra en el artilugio del análisis. Consiste en ni afirmar ni negar el mal funcionamiento sino en preguntar por el como de la cosa. Acoger con sensibilidad y maniobrar enunciando, cada analista a su manera, el sí entonces que da pie a la conversación.

La entrada en análisis se constata cuando el candidato cede en su resistencia en posición de dominio del saber y se pone al trabajo de formalizar su síntoma. La vía hacia la mudez fantasmática se abre.

Por el contrario la transferencia negativa es el resultado de convertir el decir del analista que apunta a la causa del deseo en una respuesta que cierra la conversación analítica. La certeza se impone: no se decir bien de mi ser, y tú me recuerdas que soy sicut palea… Cuando el sujeto es desposeído de su palabra la maldición hace (2) e impide saber de los fantasmas que se envuelven con la falta de autoestima.

Francesc Vilà


(1) Han, Byung-Chul. La agonía del eros. Pensamiento Herder. Herder, Barcelona 2014.

(2) Miller, J.-A. Del síntoma al fantasma. Y retorno. Página 152. Paidos.