Lacan dice  en el Seminario 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”, página 58 ( Buenos Aires 1990): “ Aprovecho la ocasión para indicarles que, en los textos de Freud, repetición no es reproducción. Nunca hay oscilación en este punto: Wiederholen no es Reproduzieren.” y dos párrafos más abajo:  “ La repetición aparece primero bajo una forma que no es clara, que no es obvia, como una reproducción o una representación en acto .Por eso he puesto El acto con un gran signo de admiración en la parte de debajo de la pizarra para indicar que mientras hablemos de las relaciones de la repetición con lo real, el acto estará siempre en nuestro horizonte.”

¿Cómo leer este párrafo en ese momento de la enseñanza de Lacan y qué  enseñanza se puede extraer de él para la clínica? 

Conviene contextualizar el Seminario 11  de Lacan como el primero de los realizados tras su excomunión de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis que fue impartido en el marco de la École Normale Supérieure.

Constatando el extrañamiento de la teoría y la práctica del psicoanálisis, por descuidar algunos de los términos en torno a los cuales Freud ordenó y trazó las vías y los caminos del inconsciente, Lacan suspende el proyecto previo del seminario de los Nombres del Padre y se ocupa de retomar los conceptos básicos en que se fundamenta la praxis del psicoanálisis: inconsciente, repetición, transferencia y pulsión.

Respecto a la diferencia entre repetición y reproducción, Lacan la aclara inmediatamente: “reproducir es lo que se creía poder hacer en la época de la catarsis, consiguiendo una reproducción de la escena primaria…” Freud constata que “nada se alcanza in absentia, in effigie.

En la repetición no se trata de una especie de rememoración actuada.

La repetición está fundada en la división que se produce en el sujeto en el encuentro con lo real, “con un real que el sujeto está condenado a errar pero que este mismo yerro revela”.

Por otra parte ilustra la estructura del acto evocando un acto sin ambigüedades, el seppuku, un acto verdadero –como más adelante evocará el suicidio- en la medida que concierne a un real. Todo acto implica el franqueamiento de un límite para el sujeto que lo transforma.

En este sentido plantea revisar la relación entre elautomaton –la red de significantes- y la tyche–el encuentro con lo real.

Lo que se repite es siempre algo que tiene que ver con la función de la tyche, del azar del encuentro con lo real, siempre fallido, bajo la forma del trauma por lo que tiene de inasimilable y que determina todo lo que sigue.

Por otra parte, retoma el concepto de inconsciente como la suma de los efectos de la palabra sobre el sujeto, pero va mucho más allá señalando la función del corte en las condiciones de su funcionamiento, ya que solo se abre para volver a cerrarse en una pulsación temporal en cuyo cierre opera como obturador el objeto a. Es por tanto una articulación con importantes consecuencias en el manejo de la transferencia y la interpretación en el análisis.

Si bien la transferencia es ese efecto de engaño que es el amor -querer ser amado- Lacan pone de manifiesto aquí su relación con la pulsión. Pues lo que posibilita la transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente en tanto sexual. Pero la sexualidad solo puede entrar en juego mediante las pulsiones parciales. El montaje pulsional se acomoda, por sus propias características, a la estructura de borde, de hiancia característica del inconsciente.

Desde la perspectiva de lo real el acto analítico tiende a ir reduciendo la producción de significaciones a partir de la asociación libre porque busca aislar en el sujeto un significante irreductible a la significación, un núcleo de sinsentido que es lo real propio del sujeto, cuyo operador no puede ser otro que el deseo del analista.

Clara Bardón