La maniobra del analista necesita de la invención.

El título de la conversación permite pensar dado su amplitud, diferentes formas de abordar la cuestión. Al jugarse lo más propio en un análisis, lo más singular del parlêtre, y con ello se entiende como tal, lo más irreductible de un modo de gozar que se instala, “más acá de toda articulación” (1); nos lleva a pensar el lugar del analista en una dimensión para nada fácil de situar; aunque su maniobra sea, según se requiera, en cada caso y en cada tiempo transitado de un análisis.

Podemos decir en principio que siempre hay maniobra del analista; aunque la maniobra misma sea la del silencio, la de hacerse a veces imperceptible, o sea también la maniobra, la de cortar, recortar, separar, acotar para apuntar a que lo real se haga escuchar tal vez de otra manera, en esa repetición incansable que deviene siempre sufrimiento; para que algo pueda bascular a otra cosa.
Sabemos que una de las claves de la maniobra del analista está en la transferencia.

Miller nos dice en Sutilezas Analíticas, que un análisis en sus inicios, en sus comienzos gira en torno a una “atmósfera de revelación”, donde el despliegue de la regla fundamental, permite que el relato avance, si cabría decirlo así, sin demasiada complejidad, con el fin de ir estableciendo las coordenadas por la que transita un sujeto; es decir, la maniobra pasaría dicho de una manera muy simple, por hacer de la regla fundamental su garantía. En eso entendemos a la transferencia, una vez instalada como lugar Supuesto al Saber; ahí donde la verdad mentirosa hace su papel y permite el despliegue.

Por otro lado sabemos, que en los tiempos que corren, esta primera etapa se ve cada vez más obstaculizada en muchos casos por las dificultades mismas de la entrada del sujeto en el discurso, ahí donde la maniobra de la interpretación devienen escasa. Por tanto, el movimiento será otro; por ejemplo la de abrazar con las palabras a modo de contención, a modo de límite; ahí donde el dique que envuelve lo real parece desdibujarse permanentemente.

Pero no es a los inicios de una cura a lo que me quiero referir; sino a los análisis que llevan transitados un tiempo importante; y donde siguiendo las palabras de Miller, llegado un momento ¨la revelación es reemplazada por la repetición”(2) y es ahí donde la repetición constituye una especie de estancamiento en la cura; porque la cura no avanza y porque en algunos casos resulta muy dificultoso para el analizante y para el analista mismo, atravesar ese estancamiento.

Este hecho no es una novedad; es lo que Freud llamaba en cierta medida, Reacción terapéutica negativa; lo que él intuyó como lo propio del mecanismo de repetición derivado de la pulsión de muerte; irreductible a todo funcionamiento, deteniendo las curas, hasta en muchos de ellos, llegando a ser abandonadas. Bajo esta idea, el pivote de la transferencia constituía una herramienta esencial.

Nos dice Miller: “Por supuesto que un análisis que dura pide atravesar el estancamiento, soportarlo, es decir, “explorar los límites: la jaula del sinthome; es, si se quiere, lo que llamaba hace tiempo la experiencia de lo real según la modalidad de la inercia” (3)
¿Qué significa explorar los límites? ¿Qué maniobra del analista cuando la interpretación que actúa sobre el síntoma y que apunta al sentido no tiene mas cabida? ¿Cómo hacer para que entonces, ese goce opaco; ese goce de puro exceso, suelte un poco sus poderes, su fuerza, que ceda para transformarse en un instrumento para dar lugar a otra cosa?

La perspectiva del sinthome hace tambalear la transferencia; porque va más allá de la misma; va mas allá del Otro, en privilegio del Uno separado; así lo escuchamos a E. Laurent en su conferencia del último congreso: “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”, donde tomando la frase de Miller nos señalaba que esta perspectiva, va entonces a “contrapelo de la práctica del análisis “ (4); y en tal caso si se puede decir también, de la transferencia.

¿Cómo situar la maniobra del analista entonces? Está claro que la maniobra no es única; porque esta perspectiva “hace surgir una capa de semblantes”(5), y porque es desde el semblante que se opera en la posición del analista.
¿Requiere de alguna manera, de dar “una vez más”, otro lugar y otro forma a cómo nombrar la transferencia?
En tal caso, queda la vía de seguir explorando, como posibilitar al analizante, salir de la pura iteración y a hacer “uso” de la invención, con lo más singular que dispone.

Es por ello que a mi entender, la maniobra del analista deber ir a la par, acompañando esa invención, lo que implicaría en su modo de hacer, su propia invención ligada a la singularidad de su experiencia como analizante.

Ruth Pinkasz


Notas bibliográficas:

(1) Miller, J. A. Sutilezas Analíticas. Paidos, 2011. Pág. 94.
(2) Ibid. Pag 114.
(3) Ibid. Pag 115.
(4) Miller, J.A. El ultimísimo Lacan. Paidos, 2014. Pág. 139.
(5) Ibid. Pag 143.
Laurent, E. “Disrupciones de goce en las locuras bajo transferencia”. XI Congreso de la AMP.