Intervención en las Primeras Jornadas del Campus Clínic del ICF Barcelona, María Guardarucci “¿De qué hablan? Amor y deseo en la transferencia1

13 de junio de 2025

Durante uno de nuestros encuentros en el cartel de doctrina me propuse trabajar la clase “Crítica de la contratransferencia”, del Seminario de Lacan sobre La Transferencia, sirviéndome de una pregunta que extraje del mismo texto: ¿cuándo los analistas hablan actualmente de transferencia, del lado del analista, de qué hablan?2

Situaré como antecedente inmediato el lugar que Lacan asignó al deseo al culminar la clase anterior: el deseo es el “resorte del nacimiento del amor, si el amor es lo que ocurre en ese objeto hacia el cual tendemos la mano mediante nuestro propio deseo, y lo que, cuando nuestro deseo hace estallar su incendio, nos deja ver por un instante esa respuesta, esa otra mano que se tiende hacia nosotros como su deseo”. Un movimiento sincronizado entre dos que se someten al deseo como resorte del amor.

Entonces, cuándo los analistas hablan actualmente de transferencia, del lado del analista, ¿de qué hablan? Me adelantaré diciendo que Lacan habla de deseo, pero para llegar a eso nos llevará por un breve recorrido con su clase. En principio, nos recuerda Lacan, hay una respuesta común entre los teóricos: del lado del analista ellos hablan de contratransferencia, y vinculado a ello hay otra idea común, todo lo que el analista representa en su inconsciente en cuanto no analizado es considerado nocivo para su función y su operar como analista.

Pero lo que Lacan no ignora es que por más lejos que se lleve un análisis, resta siempre una reserva de inconsciente en un sujeto advertido por la experiencia de su propio análisis, y es posible que en tanto advertido sepa de algún modo jugar con ella como con la caja de un violín, del cual, por otro lado, posee las cuerdas. Entonces, “no se trata en su caso de un inconsciente en bruto. Es un inconsciente suavizado, un inconsciente más la experiencia de este inconsciente”3.

Ahora bien, ¿qué hacer con esto?, ¿cómo evitar, con ese punto de desconocimiento, la captura imaginaria de esos dos presentes en la situación analítica? Es aquí donde Lacan introduce la dificultad del ideal estoico, la apatía estoica, que otras veces se ha ofrecido como respuesta. ¿Por qué? Porque, el ideal estoico del analista apático entra en tensión con el modo en que Lacan formulará aquí mismo la cuestión del deseo del analista. De manera provocadora, dirá: “cuanto más analizado esté el analista, más posible será que esté francamente enamorado, o francamente en estado de aversión, o de repulsión, bajo las modalidades más elementales de la relación de los cuerpos entre ellos, respecto a su partenaire”4. Podemos decir, cuanto más analizado, más relación a la castración, más es capaz de amar. Y no podemos olvidar que para Lacan, en este momento, el deseo es el resorte del amor.

La aparente tensión entre apatía y deseo es algo que, sin embargo, debemos resolver, porque a pesar de ello, estos también se articulan. Cito a Lacan: “si el analista realiza algo así como la imagen popular (…) de la apatía, es en la medida en que está poseído por un deseo más fuerte que aquellos de los que pudiera tratarse, a saber, el de ir al grano con su paciente, tomarlo en sus brazos o tirarlo por la ventana.”5 Lacan nos advierte que no es cierto que el analista nunca ha sentido este tipo de deseos, pero en cierta forma el analista está autorizado a decir “estoy poseído por un deseo más fuerte” en tanto que en él se ha producido una mutación en la economía de su deseo6.

¿De qué se trata esta mutación? Es un punto complejo que nos ha puesto al trabajo en el cartel. Al respecto, Lacan formulará: hace falta una reorganización, una reestruturación del deseo del analista. Diría, teniendo en cuenta la referencia a Sócrates en este momento de la clase, quien decía que el deseo más fuerte entre todos los deseos es el deseo de muerte, que esta mutación implicaría pasar del automatismo de repetición como retorno al cero de lo inanimado —del cual debería distanciarnos un buen análisis personal, dice Lacan—, a representar el lugar del muerto7. ¿Es acaso esta mutación una forma de nombrar el pasaje del analizante al analista como efecto de su análisis? En todo caso, esa mutación que hace falta en la economía de su deseo me remite a lo que Lacan varios años después aseveró: “El deseo del psicoanalista ya no es un puro amor por el inconsciente. Participa necesariamente de esa ambigüedad que hace que el psicoanalista cambie su saber en horror8.

Volviendo a 1961, Lacan alcanza así una idea fundamental: lo que otros llaman contratransferencia no es más que un efecto irreductible de la transferencia misma. Ese doble movimiento que articulaba amor y deseo a partir de un objeto privilegiado (agalma), esa situación que involucra a dos, es parte de un mismo fenómeno: “En mi opinión no es posible comprenderlo fuera del registro de lo que he señalado como el lugar de a, el objeto parcial, el ágalma, en la relación de deseo, en tanto ella misma está determinada en el interior de una relación más amplia, la de la exigencia de amor. Esta topología nos permite en efecto decir que aunque el sujeto no lo sepa (…) donde a minúscula funciona es ya en el otro. De ello se deriva que lo que nos presentan en esta ocasión como contratransferencia, normal o no, no hay verdaderamente ninguna ocasión para calificarlo así en particular. Aquí se trata de tan solo un efecto irreductible de la situación de transferencia, sencillamente por sí misma”9.

Sobre el final de la clase y luego de esta conclusión retoma una vez más en su Seminario las categorías de erómenos y erastés para acabar de ilustrar la experiencia analítica: el sujeto analizante es introducido como digno de interés y de amor, erómenos (amado), en el comienzo mismo de la situación, es por él que estamos ahí, dice Lacan. Es un efecto manifiesto. Pero hay un efecto latente que esta vinculado a su insciencia, a su ignorancia, de aquello que es precisamente el objeto de su deseo. Este objeto, como decía en la cita anterior, está ya en el otro, y en la medida en que esto es así, lo sepa él o no, está constituido como erastés (amante). Esta metáfora, esta sustitución del erómenos por el erastés, o del amado por el amante, constituye en sí mismo el fenómeno del amor, cuyos efectos se producen ya en el inicio del análisis como amor de transferencia. Lo que he encontrado interesante es que Lacan sitúa de este modo también al analista como una suerte de amante cuando dice que basta con suponer que el analista, incluso sin saberlo, sitúa por un instante su propio objeto parcial, su agalma, en el paciente del que se ocupa. Tiempo cero necesario para que se produzca la sustitución propia de la metáfora del amor.

Pocos años después, en el Seminario 11, Lacan separará de manera más enfática la función del  amor y la del deseo en la transferencia. Destacará al amor como soporte del Sujeto supuesto Saber en la transferencia, y conservará aquel doble movimiento más específicamente en relación al deseo: «… detrás del amor llamado de transferencia, podemos decir que lo que hay es la afirmación de la ligazón del deseo del analista al deseo del paciente»10. Pasará así de lo que podríamos llamar una suposición de amor del analista a enfatizar su función como Sujeto supuesto desear. Portador de un deseo que jugará un rol fundamental a la hora de aislar el objeto a para situarlo a la mayor distancia posible del Ideal, que el analista es llamado por el sujeto a encarnar. Abandonar este llamado a la idealización para “servir de soporte al objeto a separador” es ya un antecedente a inicios de los 60 que prepará los principales lineamientos sobre el lugar del analista como semblante de objeto en desarrollos posteriores.

María Guardarucci


  1. Presentado en las Primeras Jornadas del Campus Clinic ICF de Barcelona, el 13 de junio de 2025

  2. Lacan, J. El Seminario, libro 8, La transferencia, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 210.

  3. Ibíd., p. 211.

  4. Ibíd., p. 214.

  5. Ibíd

  6. Ibíd., p. 215.

  7. Ibíd., pp. 213-214.

  8. Jacques Lacan. Seminario sobre la Disolución, 1980. Inédito.

  9. Lacan, J. El Seminario, libro 8, La transferencia, op. cit. pp. 222-223.

  10. Lacan, J. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2011, p. 262.

  11. Miller, J.A. Extimidad, Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller., Paidós, Buenos Aires, 2011. p. 343.

  12. Lacan, J. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, op. cit. p. 281.