Paloma Blanco

El no del psicoanálisis

El malestar contemporáneo está atravesado por el imperativo superyoico de goce que ya no prohíbe, sino que exige gozar, revelando así lo que su prohibición camufló desde siempre. Esta exigencia apunta a la destitución del deseo singular del sujeto buscando dar consistencia al Otro, velando la castración y sosteniendo la ficción de una ley sin falta, contraria a la ley del deseo. Es así que solo en apariencia son distintos el súper yo de ayer y el de hoy. En ese punto, el superyó obstaculiza la posibilidad del amor —que solo existe allí donde el Otro no es completo— y empuja a un para todos homogéneo, indiferente a la singularidad.

La tristeza que prolifera en la clínica no es entonces un simple afecto. Lacan lo dice con toda claridad:

Se califica a la tristeza de depresión… Pero no es un estado de alma, es una falta moral… un pecado, lo que quiere decir una cobardía moral”

(Televisión, 1974).

Esta formulación permite enlazar con San Agustín, para quien la tristeza abría la vía a los otros pecados, y con Santo Tomás, que la pensó como acedía: no mera inercia, sino renuncia al deseo. Allí donde el deseo —pulsión enlazada por Eros— deja de allanar el camino, el cuerpo se desvitaliza, queda capturado por un goce indiferente a la vida y por la repetición mortífera del mandato de gozar.

Esta lógica guarda una vecindad estructural con el discurso capitalista: ambos rechazan la castración, promueven un goce ilimitado y sustituyen el lazo por la eficacia y el rendimiento. El resultado, aunque pueda tener a veces la apariencia del exceso vital, es inhibición: el imperativo superyoico inhibe la posibilidad del acto porque aplasta la decisión singular bajo la universalidad del mandato.

Frente a ello, la ética del psicoanálisis no consiste en regular el goce ni en moralizar el sufrimiento. Ni delicia ni tormento. Se orienta por una objeción radical, formulada por Lacan como brújula ética:

La única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo”

(El seminario, Libro VII).

Objetar el imperativo de goce del superyó es, por tanto, objetar la pulsión de muerte que lo comanda. Ese es el no que el psicoanálisis hace posible:  por fuera de la  negación estéril, es un modo de preservar el a la singularidad viva del sujeto.

Ese no es la condición misma del acto.

Paloma Blanco Díaz


Bibliografía

  • Agustín de Hipona. (2007). Confesiones (varias eds. en español). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
  • Aquino, T. de. (2001). Suma teológica (II-II, cuestión 35: La acedia). Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.
  • Lacan, J. (1988). Televisión. En Otros escritos. Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J. (1992). El seminario. Libro VII: La ética del psicoanálisis (1959-1960). Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J. (1991). El seminario. Libro XVII: El reverso del psicoanálisis (1969-1970). Buenos Aires: Paidós.
  • Lacan, J. (2012). El seminario. Libro XIX: …o peor (1971-1972). Buenos Aires: Paidós.
  • Miller, J.-A. (2005). El Otro que no existe y sus comités de ética. Buenos Aires: Paidós.