Garrapata

Dicen que una garrapata puede aguardar décadas en la rama de un árbol, hibernando. Espera. Espera pacientemente hasta que una criatura de sangre caliente pasa por debajo. Entonces, se deja caer y se aferra a su cuerpo. Ese cuerpo no sabía lo que iba a suceder. No sabía lo que estaba allí al acecho, esperando la ocasión propicia.

En cierto modo, un desencadenamiento (tanto de una neurosis como de una psicosis) se parece a la historia de la garrapata. El sujeto puede permanecer toda su vida resguardado en su modo homeostático de defensa, y asegurarse así un equilibrio, un asentamiento en el principio del placer. O bien puede darse de bruces contra un real que lo desacomoda, que lo alcanza y conmociona su vida. Eso es el destino. El destino, para el psicoanálisis, no es lo que fue escrito previamente. Es lo que nos aguarda en un tiempo futuro sin que podamos saberlo.

Un buen día, el encuentro se produce. Con lo real, siempre el encuentro es poco feliz. Es un real que nos estaba predestinado, en el sentido de que si logra desarticular nuestra defensa no es por azar. Azaroso puede ser el encuentro, pero no el efecto que sigue. El efecto solo depende de algo que estaba en la extimidad del ser hablante.

Cuando alguien nos formula una demanda basada en el sufrimiento que padece, las entrevistas preliminares deben permitir, entre otras cosas, determinar con la mayor precisión posible la coyuntura dramática que dio lugar al surgimiento de la inhibición, el síntoma, la angustia o el fenómeno elemental que prefigura el desanudamiento de lo real, lo simbólico y lo imaginario.

Freud y Lacan son absolutamente coincidentes en señalar que el encuentro traumático con lo real siempre se produce entre un acontecimiento imprevisto y un sujeto que sin saberlo estaba preparado para que eso fuese real. Es fundamental recordar que lo real psicoanalítico no existe por sí mismo, sino que para cada sujeto tiene una existencia singular. El real del desencadenamiento carece de una propiedad patógena universal. La tiene para tal sujeto, dado que solo para él ese encuentro posee la categoría de un real. Para otro, no necesariamente es así. Por lo tanto, el concepto de desencadenamiento sirve, también, para comprender que lo real psicoanalítico es el nombre que recibe lo impropio de un sujeto determinado. El real de un parlêtre, a diferencia de la garrapata, que existe por sí misma y con independencia de la criatura contingente que la despertará de su sueño, es el real que él ha “creado”, y que se revuelve contra su creador. Lo ha creado en tanto su fantasma, o el modo de anudamiento que aseguraba su equilibrio, no contemplaban ciertos imposibles. La defensa primaria no es ilimitada. Cada uno acabará, probablemente, por encontrar aquello que estaba fuera de programa. Es en ese momento cuando lo real se constituye. Se constituye en el preciso instante en que un agujero se abre allí donde sentido y goce se vuelven irreconciliables.

Gustavo Dessal

Por |2019-01-10T20:10:54+00:0014 enero 2019|Cadenas|Sin comentarios

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