Conferencia de Clausura de la VIII Jornada Clínicas del ICF Valencia, Rosa Durá “Las entrevistas preliminares y su adecuación a la subjetividad de la época”
14 de junio de 2025
Introducción
Cruzar las compuertas de una nave espacial no significa estar en el espacio. Atravesar el umbral de la consulta de un psicoanalista no es lo mismo que entrar o estar en análisis. El paso de paciente a analizante es para no todos, no está garantizado en todos los casos, y mucho menos en la clínica actual, que se ve confrontada con una extendida debilidad estructural de la metáfora paterna. El objetivo de las entrevistas preliminares es provocar la entrada en análisis siempre que esto sea posible.
Un primer acercamiento al tema lo voy a realizar valiéndome de la etimología del sintagma que hoy nos convoca.
- ‘Preliminar’ proviene del latín praeliminaris, préstamo lingüístico que significa ‘umbral’ o ‘entrada’. El franqueamiento de paciente a analizante supone una entrada, pero adónde: al discurso analítico, claro está.
- Por su parte, la palabra ‘entrevista’ está compuesta de ‘entre’, del latín inter, en medio, y ‘vista’, del latín videre, ‘ver’, en el sentido de leer. Tanto para el analista como para el paciente se tratará, entre otras cosas, de entrever. Indicios de analizabilidad, de un lado, o significaciones escondidas dentro del sentido manifiesto, del otro.
“No hay entrada posible en el análisis sin entrevistas preliminares”, afirma Lacan en una serie de charlas dictadas en 1971, publicadas con el título de Hablo a las paredes1. Efectivamente, son necesarias, pero no suficientes. Algo tiene que pasar en estas para que el analista sancione la entrada en análisis, por tanto, existe una discontinuidad, un antes y un después, entre las entrevistas y la supuesta o posible entrada en análisis.
El franqueamiento, pues, ha de venir precedido por una serie de condiciones previas que el analista ha de entrever, constatar y también favorecer en la serie indeterminada de entrevistas preliminares. No es posible estandarizar el número de entrevistas para que se produzca la entrada, ni su duración; tampoco vienen orientadas por una técnica —la experiencia analítica no puede simbolizarse en su totalidad—, aunque sí contamos con unos principios y, sobre todo, con una ética. Asimismo, la entrada no es concebida como un tiempo cronológico, sino lógico, articulado, como veremos más adelante, a una rectificación subjetiva.
La condición de las preliminares implica dar el tiempo suficiente para que se instale el campo analítico, tanto en su vertiente significante como en su dimensión libidinal2. El analista y el paciente se ven concernidos por lo que se produce o puede producirse en las entrevistas previas. Por parte del analista, y recurriendo a la simplificación, tenemos el acto y el deseo del analista insertos en el discurso analítico; por parte del paciente, y con proyección de futuro, encontramos la asunción de la responsabilidad de que aquello que sufre, también goza. Para que esto se produzca el paciente ha de consentir a la división subjetiva y al saber del inconsciente3.
En lo que sigue trataré de incidir, de la forma más sencilla posible, sobre aquellos conceptos, mecanismos y operaciones que potencialmente están implicados en este tiempo de entrevistas, aclarando que, 1) para algunos de ellos, la separación entre analista y paciente no siempre se puede efectuar, por ejemplo, la noción de Sujeto supuesto Saber4. 2) No se producen según una cronología lineal, sino que obedecen a otra lógica o topología. La disposición con la que acometo estos dos ejes responde a un intento de favorecer una transmisión ordenada. Para concluir, dedicaré un último epígrafe a las entrevistas preliminares en la subjetividad contemporánea.
Primer eje: Localización del sujeto y rectificación subjetiva
El analista sostiene la operación analítica, es destinatario del síntoma y receptor de la demanda. Los pacientes llegan a nuestras consultas quejándose de un malestar que les hace sufrir, pero ese pedido no es suficiente y la queja dirigida al Otro ha de llevarle a preguntarse sobre su propio deseo y sobre su implicación en aquello de lo que se queja5. La demanda se sostiene, entonces, en un síntoma que se dirige al Otro pidiendo que lo libere del sufrimiento. Ahora bien, hemos de poder distinguir entre un pedido de atención o de desaparición del sufrimiento de la formalización de la demanda y el deseo que subyace tras ella. Es decir, la demanda ha de ser interpretada y se va declinando: demanda de curación, de saber, de amor y de satisfacción6.
Cuando el pedido de curación cambia a una apuesta por el saber tenemos el síntoma analítico con el que se trabaja; este ha de incluir un enigma, algo que haga pregunta. Hay un goce implicado que el paciente puede no estar dispuesto a perder. El analista deberá encontrar la manera de intervenir en esa situación para señalar al paciente ese punto en el que goza sin saber. Ahora bien, este tendrá que estar dispuesto a consentir.
No como un paciente al que recibí durante unos tres meses. Tenía 57 años y sufría de pensamientos invasivos e ideaciones que le hacían sufrir en extremo. Se sentía culpable de ceder continuamente respecto de su deseo, ante su mujer, sus compañeros, sus amigos. A las 5 sesiones expresa que no percibe ninguna mejoría y pide espaciar las sesiones cada quince días. En una entrevista posterior aparece la identificación a un rasgo de la madre, la sumisión. “Nunca lo había relacionado”, dice con sorpresa. Poco después expresó que se sentía mejor y no iba a continuar. “No quiero saber más”. Aquí el “no querer saber nada”, una de las pasiones de las que habla Lacan junto al odio y el amor, no era solo inconsciente, sino puesto en primer plano. No se hizo eco de esa sorpresa.
Las entrevistas preliminares permitirán determinar si hay indicios de que el paciente pueda efectuar ese viraje y si se podrá, por medio de la palabra, producir efectos de modificación sobre el goce. Volveremos sobre esto cuando hable sobre esto más adelante.
Jacques Allan Miller sostiene que “La demanda fundamental es la demanda de significación”7. Una significación escondida dentro del sentido manifiesto que se despliega en la cadena significante. En este sentido, es fundamental que el analista no responda a la demanda, porque esta apunta siempre a otra cosa. Para no decepcionar a la demanda y permitir el bien decir del paciente, el analista calla8.
Es por eso que en las entrevistas preliminares el analista acoge la demanda y la pone al trabajo con preguntas que orienten la dirección de las entrevistas y que favorezcan que el paciente pueda escucharse a sí mismo y pueda llegar a interrogarse en tanto que, el goce no se dice más que entre líneas9.
Por parte del analista, se trata de localizar los significantes que indican algo del orden de la satisfacción10 y que parecen tener un peso especial en el discurso del analizante con el objeto de separar el saber que se ha condensado a su alrededor y desplazarlo con la intención de liberarlos de la satisfacción que llevan adherida. Intervenciones del tipo: “¿Eso qué significa para ti?”, “¿Qué entiendes por tal o cual significante?” son maneras de orientar al paciente en un discurso que no es el de la comunicación, el del lenguaje corriente; una manera de señalar que se trata de otra cosa11. El analista no da nada por supuesto. Por otro lado, favorecen que el paciente despliegue sus dichos pudiendo verse sorprendido por su propio decir. El material significante que se produzca orientará la cura. Es habitual que el paciente manifieste que está resultando confuso, que se va por las ramas. Intervenciones del tipo: “Eso es, de eso se trata”, inducen a que vaya aceptando dejarse llevar por la asociación libre.
La barra de la división12 conviene a la posición del paciente y se localiza cuando lo más íntimo de la subjetividad aparece como algo extraño para él mismo; puede producirse por la emergencia de un lapsus o de un sueño; la puede causar el silencio del analista, una intervención, un corte, un gesto como mostrar sorpresa ante un dicho del paciente, pero será importante advertir lo que el paciente hace con sus dichos, si los asume, los niega, los rechaza, etc. Lo que el sujeto hace con lo que dice es lo que Miller llama localización del sujeto13. El paciente consentirá o rechazará el saber inconsciente14.
Niega un lapsus, no acepta lo que se ha oído decir, se desdice.
Como el caso de un paciente, probablemente obsesivo, que se queja de lo poca cariñosa que es su mujer. Las primeras entrevistas giran en torno a esta cuestión y de repente comete un lapsus y dice “Es que mi madre pasa de mí”. “¿Tu madre dices?”, le pregunto. A lo que responde, “No he dicho mi madre”, y continuó con su queja como si nada hubiera sucedido.
El malestar encapsulado y amorfo en la mente del paciente adopta la estructura de lenguaje15 y, dirigido al analista en su función de Otro, posibilita cierta cesión de goce, la división subjetiva y la rectificación subjetiva, sin la que no es posible, en ningún caso, la entrada en análisis ¿Y qué entendemos por rectificación subjetiva? La modificación que se produce en el paciente al tomar a su cargo la responsabilidad de lo que le ocurre en lugar de atribuir su sufrimiento a los otros.
Por ejemplo, una paciente que viene durante semanas quejándose de que siempre “le tocan” hombres que la maltratan psicológicamente. Transcurridas unas cuantas sesiones se interroga del siguiente modo: “¿Por qué siempre elijo hombres que me maltratan?” Aunque desconoce la razón, la pregunta implica la división, una creencia en el inconsciente y, quizá, un tímido asomo de su posición de goce en tanto que, más adelante, la paciente llegó a preguntarse si no había algo de placer en sus elecciones.
Efectivamente, como afirma Bassols, “la rectificación subjetiva se produce cuando confrontamos al sujeto a esa otra demanda, más íntima y silenciosa, que es la demanda de satisfacción de la pulsión ante la que se ha erigido el síntoma16.
Otra paciente lleva semanas quejándose de que su hermana no le hace caso en cuanto a sus consejos sobre su vida amorosa. “Yo lo hago por tu bien”, le dice continuamente. Tras un sueño en el que se ve a sí misma besándose con el novio de su hermana, puede afirmar “Creía que quería ayudar a mi hermana, pero en el fondo era por mí, quiero que rompa con él”, dijo con cierta vergüenza.
Este tipo de reajustes pueden ser indicios de rectificación subjetiva y pueden ser la antesala de la entrada.
A la localización y rectificación subjetiva hay que sumar la evaluación clínica. “El analista debe ser capaz de concluir (…) algo respecto de la estructura clínica de la persona que viene a consultarle”, afirma Miller17. Aunque la clínica orientada por lo real es la que hoy en día nos encauza, no podemos perder de vista esta perspectiva fundamental para la conducción de la cura, especialmente si se trata de una psicosis ordinaria18.
Las entrevistas preliminares, pues, son el campo de experiencia en el que se pone en juego el acto del practicante (avaluación y localización), el consentimiento del paciente (rectificación, cesión de goce y apertura al saber del inconsciente) y también algo del orden de la contingencia19.
Segundo eje: La transferencia y el Sujeto supuesto Saber
Que haya hablado en primer lugar de la demanda no implica que esta sea anterior a la transferencia, cuya estructura Lacan formalizó con la expresión Sujeto supuesto Saber.
Antes de que un paciente se dirija a un analista para formular su demanda se encuentra en ciernes la suposición por su parte de que ese analista sabe lo que le pasa. Quizá lo ha escuchado hablar o ha leído algún escrito; quizá le han hablado de él; quizá le atrajo su nombre, un rasgo físico, una forma de hablar. Algo del amor de transferencia20 está ya ahí en el inicio en algunos casos, pero en otros no, y recae en el acto del analista que esa demanda de curación o alivio se transforme en una suposición de saber.
La transferencia está de entrada y es dinámica, la posición que adopte el analista irá cambiando y deberá ser distinta según el cálculo diagnóstico21 y el caso por caso.
El analista opera desde dos lugares simultáneamente. Por un lado, desde el mecanismo simbólico que es el SsS22, es decir, la articulación entre el Inconsciente, la transferencia, cuyo instrumento es el amor23 y resulta el eje del SsS y, por último, el Saber. El analista ocupa el lugar del Otro. He hablado antes del síntoma analítico y he apuntado que el malestar del paciente deviene síntoma analítico cuando “la demanda de ser liberado de él muta a una apuesta de saber”. ¿Pero de qué saber se trata? Del saber del inconsciente. El paciente cree que está en posesión del analista, de ahí la expresión “la equivocación del SsS”; es necesaria esta equivocación para que haya análisis. Ahora bien, el analista ha de estar advertido de que no es él el depositario de este saber, sino que de lo que se trata es del saber del inconsciente que está por elaborar24. De manera que el analista ocupa el lugar del supuesto Saber inconsciente pero solo para que el sujeto pueda llegar a conocerlo finalmente como propio. En las entrevistas preliminares se pone en función este mecanismo.
La otra vertiente de la transferencia es libidinal. El analista se hace receptor de la investidura libidinal del paciente y ocupará el lugar de semblante del objeto a. Es el cuerpo del analista el que instala el objeto a en el sitio del semblante, dice Lacan el Seminario 1925. Dicho de otra manera, “la entrada en el análisis propiamente dicha solo es concebible a condición de un desplazamiento de la investidura libidinal sobre el analista para el paciente [que] (…) está hecho de la misma libido del paciente”.26
Ilustraré esto refiriéndome a un caso que fui a controlar; se trataba de un paciente identificado fuertemente a un rasgo materno consistente en una depresión crónica, diagnosticada de bipolaridad, que le sumía en un sufrimiento horrible. Se percibía en este paciente cierto goce en dar a ver su sufrimiento. Me costaba desviar eso para que pudiese hablar de otras cosas. La analista con la que controlé me sugirió que tratase de no mirar al paciente mucho, se trataba, claro, de entrevistas preliminares cara a cara. Efectivamente, le sustraje la mirada en las sesiones y el paciente al poco cedió algo de esa satisfacción y pudo hablar de otras cuestiones.
Tercer eje: Las entrevistas preliminares y la subjetividad de la época
La época actual impone al analista una práctica del análisis que ya no es la de Freud, desde luego, pero quizá tampoco la de Lacan. La subjetividad contemporánea repercute sobre los fundamentos mismos de nuestra práctica. La clínica va siempre por delante de la elaboración epistémica, de modo que, desde hace algún tiempo, pero no tanto, estamos tratando de acercarnos teóricamente a esta coyuntura. Los múltiples encuentros celebrados en el marco del Campo Freudiano dan buena cuenta de esto.
Aunque no podemos generalizar y hoy en día continúa habiendo casos con, lo que podríamos llamar, a falta de un nombre mejor, “sujetos clásicos”, es decir, no tan tomados por un exceso de goce, sí es cierto que cada vez más vemos a pacientes que no dan cuenta de la división subjetiva y cuyo vínculo con el Otro está devaluado o cortocircuitado. Esta dificultad obstaculiza el hecho de desear, que, como sabemos, incluye la categoría de los otros y del Otro. En este sentido, Guy Briole27, afirma que el deseo cede ante una demanda de goce excesivo e inmediato que los pacientes reivindican, podría decirse que, auspiciados por el discurso de la época, que puede condicionar lo que el paciente pide, o exige en algunos casos, al analista. “Tienes derecho a ser feliz”, “Puedes tenerlo todo”, “Puedes ser quien tú quieras o quien digas”, etc. son las consignas que de diferentes formas el discurso capitalista inocula al sujeto contemporáneo. “Las leyes actuales del mercado no tienen en cuenta al sujeto, solo la necesidad de producir nuevos objetos”28.Ante la frustración que implica cumplir con estos imperativos aparece el intento de aplacar el sufrimiento mediante fármacos. Así que ciertas demandas han cambiado. La falta es cada vez más difícil de situar debido, precisamente, a este empuje a gozar con el suplemento de goce que ofrecen los discursos actuales. Cuando falta la falta, adviene la angustia, dice Lacan en el Seminario 1029. Es difícil que algunos pacientes alojen esto. En estos casos trato de hacer intervenciones que introduzcan la experiencia de la falta, la pérdida y el no-todo de forma que se abra la posibilidad de tomar un desvío respecto a los objetos obturadores que el mundo contemporáneo les ofrece. Algunos consienten, otros no.
Otra dificultad se produce en la conjunción síntoma y Sujeto supuesto Saber, cuyo punto de mediación y articulación es la demanda. La transferencia se ve trastocada por el objeto de goce, y no hay espacio para la palabra ni para su escucha. Para muchos sujetos contemporáneos el síntoma del que se quejan no supone un enigma, y se resisten a que una pregunta sobre lo que les pasa irrumpa. Es un síntoma blindado que cancela el inconsciente con pocas posibilidades de convertirse en síntoma analítico. Manuel Fernández Blanco30 habla de síntoma respuesta, en lugar de síntoma pregunta. Ante esta modalidad sintomática, y paradójicamente a lo que el analista hace, sugiere provocar sentido para dar posibilidad a una entrada de análisis, sentido que poco a poco, tal como yo lo entiendo, no llega a explicitarlo el autor, el analista, bajo transferencia, hará vacilar.
Por otro lado, si el paciente no se dirige al analista suponiéndole un saber, sino viendo en él un especialista; si exige herramientas para gestionarse; si pide resultados satisfactorios inmediatos y solicita pautas y estrategias; si lo que predomina es el Uno del goce, sin apenas relación con el Otro del saber o del deseo y si se trata de demandas sin sujeto con un empuje a la satisfacción sin límites, ¿cómo maniobrar? Se trataría de transformar estos pedidos nada útiles para un análisis en una demanda articulada a un interés por el trabajo analítico, poner de relieve el valor de lo más singular del entrevistado y aprovechar cualquier grieta, por insignificante que parezca, para desmontar algunas creencias, prejuicios y consistencias, tanto imaginarias como de otro orden. Me pregunto si no sería conveniente en el siglo XXI volver a la práctica freudiana de explicar a sus pacientes en qué consiste un análisis. Por otro lado, si de lo que se trata es de apuntar al goce buscando cierta rectificación, las intervenciones a-semánticas, o la jaculación que menciona Lacan en el Seminario 2231, son una posibilidad que implica un riesgo, el del que paciente no vuelva más. ¿Hasta qué punto en las entrevistas preliminares tiene cabida este tipo de intervenciones es una pregunta que me hago?
En la transferencia el analista tendrá que intentar que surja la interrogación sobre el propio deseo…y no dejarse llevar por la exigencia y el apremio al que lo somete el paciente. “Quiero esto y lo quiero ya”. Quizá la cuestión será también no precipitarse en sancionar la entrada, no dejarse llevar por la urgencia y dar el debido tiempo para que una rectificación subjetiva, una creencia en el inconsciente y una división subjetiva se produzcan. Tomarse el tiempo de que el empuje o el exceso de goce ceda y el síntoma pueda ponerse en forma y quedar enganchado al Otro. En este sentido, y para ir terminando, traigo una pregunta que Mássimo Recalcati se hace y se responde: “¿Cómo operar en este nuevo contexto?” Para preparar las condiciones que hagan posible una entrada en análisis hay que rectificar al Otro, es decir, el analista deberá encarnar un Otro diferente de aquello real que el sujeto ha encontrado en su historia, y que se presenta incapaz de operar con la propia frustración, un Otro que sabe no excluir, no cancelar, no rechazar, no callarse, no sofocar, no atormentar… Se trata así de implicar al sujeto en un posible lazo con el Otro que haga posible una transferencia sobre el eje simbólico. Es cierto que Recalcatti hablaba en 2004 de nuevos síntomas, entre los que incluía las toxicomanías, la anorexia, la bulimia y los ataques de pánico. Pero, por otro lado, ¿no es eso lo que veníamos haciendo?
En conclusión, como decía al principio, aunque el objetivo de las entrevistas preliminares es provocar la entrada en análisis o bien verificar si este será posible o no, en algunos casos, efectivamente, no se cruzará ese umbral. Una experiencia analítica abre para el parlêtre la posibilidad de acceder a los significantes sin sentido que marcan su existencia, le muestra su singular manera de gozar y posibilita que se haga responsable de ella.
Al traspasar ese umbral, sostiene Miller, “se abre la vía a otra manera de vivir la vida”32, aunque sabemos que quedará todo un recorrido por hacer. Esa es la apuesta analítica.
Rosa Durá Celma
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Jacques, Lacan, “De la incomprensión y otros temas”, Hablo a las paredes, BB.AA, Paidós, 2012, p. 49.
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Aníbal Leserrre, “La posición de principio”, Freudiana 42, 2005, p. 86.
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Otra modalidad del consentimiento del paciente es a la duración indeterminada de las sesiones (viñeta en relación a esto, uno consintió, otro no).
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Miller lo denomina como mecanismo en Donc. La lógica de la cura, BB.AA, Paidós, 2013, p. 294.
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De la queja al síntoma analítico (dirigido al Otro -analista-). Por otro lado, empujar al trabajo pasando por la Hysterización del discurso, que se ponga el acto la pregunta por el ser, no sin angustia: ¿Quién soy?, ¿qué soy para el Otro? ¿Estoy vivo o muerto?, ¿por qué no habrá nacido varón?
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Carmen Cuñat, “¿Psicoanálisis para todos?”, El psicoanálisis 45, 2025, 43.
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Jacques-Allan Miller, Donc. La lógica de la cura, BB.AA, Paidós, 2013, p. 295.
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También para ratificar o rectificar el pedido de análisis (quiero analizarme porque tengo curiosidad intelectual, o porque mi marido me lo impone, etc.) Hace falta un consentimiento subjetivo, que la demanda sea del paciente.
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Jacques-Allan Miller, Sutilezas analíticas, BB.AA, Paidós, 2011, p. 258.
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Ernesto Sinatra, p. 28.
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Tocar algunos significantes del paciente. Localizar un significante sobre el cual el paciente se interrogue. Tocar algo de las condiciones de goce.
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Primera mostración del sujeto en su singularidad es su división, es decir, concernido por lo que le ocurre y lo que se escucha decir como nuevo. Hoy en día esa división es más difícil de obtener. Asimismo, la falta también es cada vez más difícil de situar.
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J.-A., Miller, Introducción al método psicoanalítico, BB.AA, Paidós, 1997, pp. 29-57.
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J.-A., Miller, Introducción al método psicoanalítico, BB.AA, Paidós, 1997, pp. 59-90.
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J.-A., Miller, Sutilezas analíticas, BB.AA, Paidós, 2011, p. 114.
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Miquel Bassols, “El acto de entrada”, https://entradas.jornadaselp.com/t-textos-de-orientacion/to-el-acto-de-entrada/ [Consultado el 23 de mayo de 2025].
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Jacques-Allan Miller, Introducción al métodos psicoanalítico, BB.AA, Paidós, 1997, pp. 20-27.
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En la psicosis se trata de construir algo que supla esa castración simbólica y el analista evitará responder desde el lugar del SsS.
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Un paciente que se oye decir algo diferente a lo que siempre ha dicho, se le revela algo sobre sí que desplaza quién ha creído que es, cómo ha interpretado ciertas escenas o dichos del Otro, etc. Mediante el relato de un sueño, la emergencia de un lapsus o mediante sus dichos. Surge un saber que no se sabe (histerización del discurso). Soy una mujer virtuosa (ste. con el que se presentaba procedente del padre) y mediante una o varias asociaciones, o mediante un sueño, un lapsus, etc. llega a expresar su cuestionamiento sobre esa condición para poder ver el otro lado de eso, quizá no lo soy tanto. Se opera el desplazamiento de una significación de la paciente bajo transferencia. El significante queda tocado. Histerización del discurso
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Primera entrevista de Estela Solano con Lacan: a la pregunta de Lacan de por qué insiste en analizarse con él ella responde porque quiere que le ayude a resolver su embrollo con la muerte porque él [Lacan] es inmortal. Ese el significante de la transferencia y desde el primer momento, après-coup, pudo localizar la singularidad de la demanda. Es singular y encierra un enigma, articulado al síntoma analítico. Quiere el paciente descifrar el enigma.
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Jorge Sosa, “Sobre las entrevistas preliminares”,
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Donc, op. cit., p. 294.
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El amor se dirige al saber no a la persona del analista. Amor a un saber sobre lo que dice, nuevo.
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El analista analiza con el de-ser y con el lugar vacío de su propio goce fantasmático (propio análisis).
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Jacques Lacan, Seminario. Libro 19. O peor…, BB.AA, Paidós, 2021, p. 224.
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Jacques-Allan Milller, Cómo terminan los análisis, BB.AA, Navarin-éditeur – Grama, 2022, p. 87.
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Guy Briole, “Los preliminares en acto”, https://entradas.jornadaselp.com/textos-traducidos/los-preliminares-en-acto/ [Consultado el 5 de mayo de 2025]
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Massimo Recalcati, “La cuestión preliminar en la época del Otro que no existe”, Virtualia 10, 2004.
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Jacques Lacan, El Seminario. Libro 10. La angustia. BB.AA, Paidós, 2010.
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Manuel Fernández Blanco, “Los análisis comienzan eligiendo al analista”, https://entradas.jornadaselp.com/t-textos-de-orientacion/to-los-analisis-comienzan-eligiendo-al-analista/ [Consultado el 23 de mayo de 2025]
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Éric Laurent, “La interpretación acontecimiento”, Virtualia 37, 2019.
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Jacques-Allan Miller, El hueso de un análisis, BB. AA, Tres Haches, 1998.
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