Autores: S.Brignoni, G. Esebbag y A. Grisales
Ned ediciones
2023

El viernes 3 de febrero de 2023, presentamos en Bilbao el trabajo de investigación sobre violencias y desamparos realizado por el equipo (SAR) de la Fundación Nou Barris para la Salud Mental (F9B); una práctica colaborativa entre salud mental y educación dirigida a la atención de niñas, niños y adolescentes tutelados que viven en los CRAEs (Centros Residenciales de Acción Educativa del sistema de protección a la infancia en Catalunya). Una actividad organizada conjuntamente por la Asociación de Profesionales de Salud Mental Comunitaria OME EUSKADI y la Antena Clínica de Bilbao con la colaboración del Colegio Profesional de educadores sociales, el Colegio Oficial de Trabajo Social de Bizkaia y la librería Louise Michel. Contamos con la presencia de Susana Brignoni, Directora de la F9B y coautora del libro, Beatriz Tomey, maestra-Psicopedagoga, Bárbara Gallastegui, médica Psiquiatra en el Centro de Salud Mental de Niños y Adolescentes de Bilbao-RSMB y María Verdejo, psicóloga sanitaria en la RSMB.

Brignoni anticipa las dificultades para pensar e investigar sobre la práctica, un tiempo necesario para inscribir en el Otro lo que uno hace. Para ello es necesario un deseo y un impulso por transmitir lo que uno hace, también una disciplina. En la red de salud mental circulan investigaciones de corte biologicista marcadas por un cierto determinismo pero ¿dónde están nuestras investigaciones? Aquellas que rompan con la lógica de los destinos prefijados. Investigar es necesario en nuestra práctica, es necesario poner a trabajar las preguntas que tenemos porque va en contra de las rutinas de nuestras prácticas. Rutina es poner siempre el mismo significado a cualquier cosa que uno se encuentra (Lacan). Generar espacios donde podamos poner en cuestión esa rutina que es una consecuencia de nuestra práctica.

En el campo de las adolescencias nos encontramos unas prácticas complicadas, no sabemos qué va a ser de ellos, el profesional trabaja con mucha angustia, lo importante es que puedan quedar algunas marcas de nuestra acción y también algunas marcas del deseo que a nosotros como profesionales nos empuja a estar allí. Es importante apuntar a que hay una ética decidida por hacer hablar lo que no habla, por poner a trabajar lo que está fijado y tenemos la convicción, tal vez un poco delirante, de que eso en algún lugar queda y que eso va a volver.

Nada de lo que pasa en la infancia y en la adolescencia es conclusivo ni concluyente. Esa amplitud para mirar a los sujetos que atendemos les ofrece una posibilidad, abre una puerta. Para poder trabajar con adolescentes hay que dejarse incomodar (Lacadee). Sostener la incertidumbre es de una profunda incomodidad para los profesionales que atienden a estos jóvenes. Hay una parte de nuestro trabajo en la que siempre vamos a estar incómodos, esa es la buena orientación; aprender a soportar la incertidumbre.

Hay algo que hay que desorientar en las formas en las que vienen marcados los chicos, hay que poder introducir una pregunta, algo que les haga enigma. Dar otra oportunidad es dar la posibilidad de encontrar otras preguntas, a veces inesperadas, y otras respuestas que permitan a cada uno cambiar de lugar. Y el cambio de lugar lo propicia el Otro de referencia. Y para ello es necesario crear lugares donde los profesionales puedan conversar entre ellos, tener reuniones donde la palabra circule y donde podamos cuestionar las certezas con las que acogemos a estos chicos. A los chicos se los acoge con certezas.

¿Qué tratamiento podemos dar a los fenómenos de violencia? Una primera indicación es no mostrarse excesivamente interesado por estos fenómenos, al menos de entrada, solo así se abre la vía de la subjetivación y la sintomatización. Tenemos los fenómenos violentos pero luego hay que ver si hay una capacidad de subjetivar algo de estos fenómenos por los que uno está habitado o invadido, la posibilidad de subjetivar quiere decir que hay la posibilidad de decir si uno está concernido por eso, muchas veces eso no es posible, ya que en muchas ocasiones aparece el fenómeno violento y el sujeto no tiene nada que ver con eso. Si la cosa avanza, pasamos a la sintomatización, eso quiere decir que además de sentirse concernido por eso, el sujeto se hace una pregunta y la quiere poner a trabajar. A veces, llegamos hasta la pregunta y eso es suficiente porque la pregunta ya es un modo de detener los actos, y a veces se puede ir un poco más allá. Ya sabemos que en la adolescencia tampoco hay que pasarse, tenemos que apuntar a no retenerlos, así se les da la posibilidad de que otro día puedan volver. Hay pues un horizonte, un futuro posible. No se trata de venderle a nadie la moto de la felicidad, se trata de que hay algo inquietante y desasosegante, se trata de que cuando te separaron de tu familia hay algo que se rompió, eso es verdad, y lo que tenemos que ver es de que manera nosotros damos la posibilidad de que eso que se rompió pueda ponerse a trabajar para que sea del orden de una separación y no de una ruptura.

Durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial se crearon en las afueras de Londres los centros para poner a salvo a los niños, de los que Winnicott era el supervisor, establece tres tiempos en el encuentro con estos jóvenes: Un primer tiempo en el cual no hay niño, todos los educadores están encantados con lo bien que se porta este niño, era lo que estaba esperando, en realidad lo que el niño hace es mirar lo que hay alrededor, calcular sobre el Otro al que no conoce y ser prudente. En un segundo tiempo comienza la cuestión de lo que trae, es cuando a veces uno se encuentra con que los chicos reproducen tal cual aquello de lo que los han separado. Nosotros tenemos la hipótesis de que lo que se pone en juego cuando se produce la separación es algo del orden del desamparo subjetivo. ¿Qué es el desamparo subjetivo? Que uno está habitado por la pulsión y que necesita Otro que le ayude a regularla. Porque si no, no sabe qué hacer con su cuerpo.

Otra de las cuestiones que se impone cuando se separa a un chico del hogar es del orden de un riesgo fundamental, podríamos decir el riesgo de la desligadura. Entonces, muchas veces los chicos reproducen lo que traen porque es mucho más angustiante quedarse en un terreno de nadie. Una cosa es que reproduzca lo que trae y otra que eso sea lo que los va a definir. La posibilidad que tienen es la de poder establecer otra ligadura con otros que les planteen las cuestiones de tal manera que puedan responder de otra manera. Apuntamos a romper la respuesta pre-establecida, y eso va a depender mucho del otro con el que te encuentres. Es por esto que muchas veces los chicos convocan a los educadores al mismo lugar del que vienen. Y por eso el trabajo con estos educadores es justamente eso, que vean eso, que los están convocando a un lugar en el que justamente no tienen que responder, y que la única posibilidad de que este chico maltratado no se convierta en maltratador es que se encuentre con que hay un Otro que le responde en otra dirección, es ahí donde eso se rompe. Winnicott advertía de que si nosotros respondemos en la dirección a la que el chico nos convoca lo dejamos fijado y será muy difícil salirse de ahí, si en cambio no nos enganchamos con eso aparecerá un tiempo tres donde aparecerán una multiplicidad de respuestas, es a eso a lo que apuntamos.

Ir contra el destino es contrario a la lógica de la prevención (Castel), hay una posición política muy definida en el libro, más allá de las cuestiones epistemológicas y técnicas de ciencias sociales en el trabajo social, educativo o clínico, esta cuestión de la toma de partido político orienta el libro. Los profesionales tenemos que renunciar a muchas cosas para poder trabajar con las personas, las renuncias siempre las pensamos del lado del “usuario”, pero en realidad hay algo de la renuncia que tiene que estar de nuestro lado, por ejemplo, renunciar a saber qué es lo que a los chicos les pasa, justamente el campo de la salud mental está lleno de certezas que se producen desde instancias políticas y sanitarias, renunciar a saber qué le pasa a los sujetos con los que trabajamos exige un esfuerzo considerable.

Renunciar a saber lo que al otro le pasa es fundamental como posición de los profesionales porque es la única manera de que el otro pueda encontrarse con un lugar vacío para poder decir algo, es decir, que el lugar no esté lleno de las certezas del profesional que lo atiende.

Cosme Sánchez

Bilbao, 10 de marzo 2023