Referencias bibliográficas presentadas en el Seminario de lectura y comentario de textos del Seminario XIV, La lógica del fantasma, sábado 7 de junio de 2025 con el docente Gerardo Arenas. Antena Clínica de Bilbao.
1 – Mikel Arranz: “Maestro del fantasma”
A continuación una breve reseña de Presentación de Sacher-Masoch. Lo frío y lo cruel.
Les traigo algunos apuntes sobre éste texto, del que Lacan, en éste mismo seminario XIV, en la clase XIV Sobre el valor del goce dirá “el mejor texto que jamás haya sido escrito” sobre masoquismo1.
Su autor, Gilles Deleuze, prestigioso filósofo francés, es numerosas veces elogiado en la obra de Lacan. Pueden seguir un artículo de German García, Cuando Lacan Elogio a Deleuze en la web2, donde se extraen varios puntos centrales de éste y otros momentos en los que Lacan articula su enseñanza con la obra del filósofo.
Según plantea Deleuze, los principales datos de Masoch provienen de su mujer Wanda (nombre de la protagonista de su famosa novela) en su texto “Confesiones de mi vida” y de su secretario Schlichtegroll. Trabajará las diferencias entre sadismo y masoquismo, “tanto se nos dijo que era lo mismo que lo creímos”3.
Si bien vida y obra de Masoch están reguladas por contratos, el sádico abomina de contratos pero necesita instituciones que garanticen una “posesión instituida”4.
El masoquista no ha de ser pensado como víctima pasiva, Deleuze habla del “héroe masoquista” que es quien forma a la mujer y la disfraza “soplándole las duras palabras que ella le dirige”5. Se percibe aquí el masoquista en un lugar de agente.
En La Venus de las pieles se lee:
¿Te he hecho daño? –me preguntó entre confusa y llena de angustia.
-No, contesté, y si le hicieras, los dolores serían un placer para mí. Castígame otra vez, si gustas.
– Pero si no me causa ningún placer…
La extraña embriaguez se apoderó de mí.
-¡Castígame –replique, castígame sin piedad!6
Podemos en éste párrafo captar la angustia, la división del Sujeto que el masoquista desde el lugar de objeto provoca en su partenaire.
Les remito al esquema de arriba, que encontrarán en Kant con Sade, en los Escritos de Lacan.
Sade y Masoch, cada uno a su modo, elevan el lenguaje hacia una más alta función. Si bien Sade busca impersonalizar su obra invocando una Razón analítica universal (podemos ver que se nota que Deleuze ha leído el Kant con Sade de Lacan, como él mismo Lacan dice), Masoch se poya en un Ideal impersonal de espíritu dialéctico7.
Masoch en su repetición, a diferencia de la reiteración mecánica y acumulativa de Sade, con su “arte del suspenso, estético y dramático, congela la escena de mujer-verdugo”. Esto explica para Deleuze la ausencia de descripciones obscenas8 de Masoch a diferencia de Sade.
Deleuze sitúa las tres mujeres de Masoch. En un extremo, inicio de la Venus,“La Griega”, libertina, pagana hermafrodita. En el otro, final de la obra, “La sádica”. El ideal de Masoch estaría entre ambas. Se trata de la frialdad del ideal masoquista. La frialdad no es la apatía que Sade exige para su héroe. El héroe sadiano ha de encarnar una negación del sentimiento, no sentir ni tan siquiera que hace el mal, solo procurarse placer. El ideal de frialdad y crueldad Masochiana va del lado de una denegación de la sensualidad,” haciendo triunfar el sentimentalismo en el hielo y por el frío”9; dando así esa singular forma de mujer-verdugo en su imagen congelada.
Para Deleuze estas 3 mujeres constituyen un orden simbólico que permiten armar un fantasma, y aquí su crítica a Lacan, sin necesidad de un nombre del padre, que anticipa creo lo que luego será una ruptura más clara con Lacan en el Anti-Edipo. Ubica al “Griego”, personaje final que maltrata de la Venus que rompe la trama, no como nombre del padre sino como retorno en lo real del padre, alucinación del padre que golpea. Critica a T. Reik que saca la conclusión de que tras la mujer-verdugo se encuentra el padre sádico, lo cual le sirve para postular la unidad sado-masoquista. Para Deluze en cambio el retorno del padre en lo real rompe la el mundo fantasmático del masoquista. Este mundo ha de ser protegido por medio del complejo contrato masoquista por el cual alcanza su ideal de mujer haciéndo pegar y humillar en él la imagen del padre. El Griego prefigura la salida, nacimiento masoquista, sería un “nuevo hombre” que debe resultar del ejercicio masoquista, idealizado, aún feminizado como las mujeres del fantasma, representante todavía del peligro del padre sádico. El masoquismo es el “arte del fantasma”10. Concuerda con T. Reik en que el masoquista no siente placer por el dolor, sino que el dolor es la condición previa para su advenimiento. Destaca el “humor masoquista”: la misma ley que me veda realizar un deseo bajo pena de punición, es ahora una ley que pone la punición primero y me ordena satisfacer el deseo”11.
Deleuze relaciona el frio masoquista con los procesos de desexualización y resexualización del ideal, considerando que ese es el misterio masoquista y no el hecho de que el dolor produzca placer. “El masoquismo es una historia que cuenta cómo se destruyó el superyó”, opone al superyó de institución, la alianza de contrato entre el yo y la madre oral. Se comprende mal que en el momento de agonía masoquista el superyó estaría triunfando. El yo narcisista contempla al yo ideal en el espejo materno de la muerte, al modo de Cristo. El yo narcisista “goza de este desdoblamiento” y se resexualiza en proporción a la desexualización del yo ideal.
Les dejo aquí con estas notas sobre Masoch, de quien Deleuze dice “es el maestro del fantasma”.
Mikel Arranz
-
Lacan, J. Seminario XIV; Editorial Paidós, Buenos Aires 2023; p.233.
-
Garcia, G. Cuando Lacan Elogió a Deleuze. http://www.descartes.org.ar/germangarcia/page384.html
-
Deleuze, G. Presentación de Sacher-Masoch. Lo frio y lo cruel, Amorrortu editores, Buenos Aires 2001; p.16.
-
Ibid; p.25.
-
Ibid; p.27.
-
Masoch, S. La Venus de las pieles. Alianza editorial, Madrid, 1973; p.124.
-
Deleuze, G. Presentación de Sacher-Masoch. Lo frio y lo cruel, Amorrortu editores, Buenos Aires 2001Ibid; p.28
-
Ibid; p. 38.
-
Ibid; p. 56.
-
Ibid, p.70.
-
Ibid, p. 92.
2 – Fátima Uribe: “Comentario sobre Pegan a un niño”1
Se trata de un escrito de Freud del año 1919 en el que trata de dar una aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales.
Comienza diciendo que la fantasía de presenciar cómo “pegan a un niño” es confesada con sorprendente frecuencia por personas que acuden a someterse a un análisis. A esta fantasía se enlazan sensaciones placientes, culminando imponiéndose al sujeto una satisfacción sexual de carácter onanista, que puede llegar a tener un carácter obsesivo.
La confesión de dicha fantasía suele suponer al sujeto una gran violencia ya que aparecen fuertes sentimientos de culpa y vergüenza.
Dirá que las primeras fantasías de este género surgieron en épocas muy tempranas, hacia los 5 o 6 años, despertándose de nuevo la fantasía cuando el niño veía pegar a otros en la escuela. A partir de ahí, “pegan a muchos niños”.
Más adelante Freud dice que “dado que la fantasía de presenciar cómo pegan a un niño aparecía regularmente enlazada a un elevado placer y culminaba en un acto de satisfacción autoerótica placiente, hubiera sido de esperar que también el presenciar en la escuela el castigo de otro niño hubiera constituido una fuente de análogo placer. Pero eso no sucedía nunca”. La asistencia a estas escenas reales, provocaban sentimientos mixtos, con gran repulsa.
En aquellas fantasías tempranas y simples, Freud se hace las siguientes preguntas: ¿Quién era el niño maltratado?, ¿el sujeto mismo de la fantasía u otro niño distinto?, ¿y quién era el que maltrataba al niño? ¿una persona adulta? Y ¿qué persona era?. ¿o imaginaba el niño ser él mismo quien golpeaba a otro?. Siempre se respondía de la misma manera: “No sé….pegaban a un niño”. En cuanto al sexo del niño la respuesta era “No lo sé, es igual”.
Dicha fantasía emergida en temprana edad, Freud dice que podría ser tomada como un signo primario de perversión, pero dice que podría más tarde sucumbir a la represión , ser sustituida por un producto de reacción o transmutada por una sublimación. Pero cuando estos procesos no se dan, la perversión persiste en la edad adulta.
Freud basa el texto en el estudio de 6 casos: 4 mujeres y 2 hombres. Sin embargo, para seguir las transformaciones de las fantasías de flagelación, se limita a exponer las observaciones realizadas en los sujetos femeninos.
En la primera fase de las fantasías de flagelación, las enfermas dicen “pegan a un niño”, pero el niño maltratado nunca es el propio sujeto, sino otro…generalmente un hermano o hermana menor. La personalidad del autor de los maltratos es un adulto, en el cual Freud reconoce al padre. Por tanto esta fase queda descrita como “el padre pega al niño”, añadiendo Freud “el padre pega al niño que yo odio”.
En la segunda fase la persona que pega sigue siendo la misma, pero el niño maltratado es otro, generalmente el propio sujeto infantil de la fantasía, la cual provoca ya un elevado placer. La descripción sería: “yo soy golpeado por mi padre”, de indudable carácter masoquista ya que el sujeto se hace objeto.
Freud dice que esta fase nunca es recordada y se trata de una construcción en el análisis.
La tercera fase se asemeja a la primera. La persona que pega es indeterminada o representa una figura paterna. El sujeto actúa como un mero espectador, suponiendo dicha fantasía una intensa excitación sexual.
Freud se pregunta cuál es el cambio por el que esta fantasía de carácter sádico se convierte en elemento persistente de la tendencia libidinosa de la niña.
En el siguiente apartado Freud trata de situar la fantasía de flagelación en la lógica edípica.
La idea de que el padre pega al niño odiado por la niña será agradable y surge independientemente del hecho de haber presenciado o no tal suceso. Dice “El padre no quiere a ese otro niño, sólo me quiere a mí”. Este será el contenido y sentido de la fantasía de flagelación de la primera fase. Dice “No te quiere, pues te pega”.
La fantasía de la segunda fase en la cual el sujeto es maltratado por el padre sería una expresión directa de la conciencia de culpabilidad. Se hace masoquista. Pero la conciencia de culpabilidad comparte dominio con las tendencias eróticas. El “ser pegado” por el padre supone una fuente de excitación libidinosa ya que no es sólo el castigo de la relación genital prohibida sino también su sustitución regresiva. Esta etapa permanece inconsciente a consecuencia de la represión.
En dos de los 4 casos femeninos, la fantasía de flagelación constituye la base de toda una serie de sueños diurnos, muy importantes en la vida de los sujetos, a los que corresponde la función de hacer posible un sentimiento de excitación satisfecha, aun renunciando al acto onanista. En uno de los casos la fantasía de ser pegado por el padre asoma en la conciencia, pero con la condición de aparecer el yo disfrazado.
Freud dirá que esta fantasía queda como una cicatriz del complejo de Edipo.
Fátima Uribe
-
Freud, S. (1919) “Pegan a un niño” en OC volumen XVII , Amorrortu, Buenos Aires, 1988.
[/fusion_text][/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]

Deja tu comentario