Una observación clínica

Lo encontramos de nuevo muy claramente en fenómenos que se hallan entre los más conocidos que acompañan a la angustia, los designados como fenómenos de despersonalización. Son precisamente los fenómenos más contrarios a la estructura del yo en cuanto tal. Esto suscita para nosotros una cuestión que no podremos evitar, la de situar auténticamente la despersonalización, en la medida en que bajo esta rúbrica, si se ven las divergencias de los autores, se agrupan los fenómenos de una forma ciertamente ambigua desde el punto de vista analítico.

Jacques Lacan, «Pasaje al acto y acting out», Seminario 10. La angustia, pág. 133.

UNA OBSERVACION CLINICA

Hablamos de desencadenamiento cuando hay un contraste marcado entre el antes y el después. No siempre es así.

J.-A. Miller: “La psicosis ordinaria” p. 239.

La invitación a comentar este fragmento del Seminario X, me ha dado la ocasión de encontrar una respuesta de Lacan a una observación clínica de mi práctica que confirma una hipótesis con la que me he orientado en algunos casos de diagnóstico incierto sobre las psicosis ordinarias.

Entre los malestares más frecuentes de la contemporaneidad está el llamado ataque de pánico o crisis de ansiedad, que el CIE 10 describe así:

Trastorno de pánico (ansiedad paroxística episódica).

(…) Como en otros trastornos de ansiedad, los síntomas predominantes varían de un caso a otro, pero es frecuente la aparición repentina de palpitaciones, dolor precordial, sensación de asfixia, mareo o vértigo y sensación de irrealidad (despersonalización o desrealización). Casi constantemente hay un temor secundario a morirse, a perder el control o a enloquecer. Cada crisis suele durar sólo unos minutos, pero también puede persistir más tiempo. Tanto la frecuencia como el curso del trastorno, que predomina en mujeres, son bastante variables. A menudo el miedo y los síntomas vegetativos del ataque van creciendo de tal manera que los que los padecen terminan por salir, escapar, de donde se encuentran… Un ataque de pánico a menudo se sigue de un miedo persistente a tener otro ataque de pánico (el subrayado es mío).

La observación clínica a la que hacía referencia es que de muchos pacientes diagnosticados como psicosis ordinaria, he escuchado que en algún momento de sus vidas, han padecido un “ataque de pánico” con sensaciones despersonalización que me han descrito con expresiones tales como: “ como si no fuera yo”, como si el mundo se fuera alejando poco a poco hasta que estaba a punto de desaparecer, no el mundo sino yo”, “ sensación de anonimato, como si nadie fuera a socorrerme porque nadie me estaba viendo, era transparente”.

Esto me hace pensar en el ataque de pánico -una de las formas clínicas de la angustia- como el desencadenamiento de algunas psicosis ordinarias. Algo que muchas veces los pacientes relatan como un dato más, un episodio más, pero que, en todos los casos, precedió a manifestaciones -a veces discretas y a veces no tanto- propias de la psicosis. Un tipo de desencadenamiento que no necesita la confrontación con Un-padre, pero sí una invasión de goce tal en el cuerpo, que tiene como consecuencia la pérdida de referentes témporo-espaciales.

Hay que señalar que no siempre este acontecimiento es relatado como la frontera entre un antes y un después, es más, a veces se lo menciona como algo anecdótico que se cuenta“ porque hay que decirlo todo”. Sin embargo, especialmente en las psicosis ordinarias donde lo que prima es la continuidad y las manifestaciones suelen ser muy discretas, es importante para el practicante -cada vez que- como suele ser frecuente- el sujeto utiliza expresiones como “ antes yo no era así” o “ quisiera ser como antes”, tener en cuenta la escansión temporal que marca dicho “ataque” para poder pesquisar tanto su valor de desencadenamiento como para aislar aquellos elementos que mantenían los enganches necesarios para hacer semblante de lazo social.

En el párrafo anterior al citado Lacan dice: “…si bien es posible definir la angustia como señal, fenómeno de borde en el yo, cuando el yo está constituido, esto seguramente no es exhaustivo”. Esto significa que aquí la angustia tiene otro estatuto que en la neurosis y si bien se puede seguir afirmando que “es lo que no engaña”, es un engañar no tanto como el que testimonia de la presencia del objeto, sino de la caída del objeto como desecho, “esto es el a, el resto aborrecido del Otro” ( J. Lacan. Ibid), “ porque nadie me estaba viendo, era transparente”. La irrupción de un goce corporal potente, arrasa con lo que mantenía atado el nudo, des-nuda al sujeto que no tiene el recurso fálico para dar significación al sunami neurovegetativo y hace que caiga como puro “a”, sin referencias imaginarias ni simbólicas, lo “despersonaliza”, le arranca la máscara que hacía de semblante.

Este no tiene por qué ser seguido de alucinaciones o delirios del tipo clásico, pero permite leer manifestaciones posteriores fóbico formes, de otra forma que la clásica plataforma giratoria. No se trata de una cuestión causal por la que podamos decir que un “ataque de pánico” ha provocado una psicosis sino que la forclusión estructural que hasta ese momento había tolerado un anudamiento lábil, no es suficiente para soportar la invasión de goce, manifestándose esa despersonalización como un verdadero fenómeno elemental.

Juan Carlos Tazedjian

Por |2019-02-07T11:49:44+00:008 febrero 2019|Eslabones|Sin comentarios

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