TODO EL MUNDO ESTÁ EN SU MUNDO

Clínica de las invenciones singulares

Presentación de las Jornadas

Escuchado en su singularidad ningún ser humano puede ser normal si partimos del desbarate que comporta en su programa instintivo el encuentro contingente con aquello que lo precede, el lenguaje. Así, troumatizado por el choque de las palabras con una maleza de pulsiones inorganizadas, se abrirá en él una brecha que de forma irremediable marcará un destino, el de arreglárselas con los significantes que lo determinan como sujeto.

El parlêtre —así llamó Lacan a esta singularidad del ser que habla— devendrá cautivo de palabras a las que quedará más o menos subyugado. En ocasiones permanecerá instrumentado por ellas. En otras, podrá ir encontrando maneras de hacer con esa materia, su lalengua, y con los afectos que engendra.

Proliferarán de este modo sombras, reflejos, espejismos, subordinados a esa relación primitiva, originaria y traumática entre el significante y el goce, que le permitirán hacer con ese agujero a partir de la particularidad de su síntoma. Ficciones que alimentan sueños, fantasías que moran en la intimidad… atribuciones de sentido con las que habitará su cuerpo, así como el lazo social con los otros.

Todo el mundo está en su mundo, cada uno tironeado, cuando no tiranizado, entre la universalización de los significantes y la particularización de las formas de goce. Se trata, sí, de una locura que siendo universal no es lo que se distingue clínicamente como la psicosis, sino el delirio que comienza ya con la palabra, con el saber, con la verdad que “tiene una estructura de ficción”; con los fantasmas más comunes o más singulares; con el lenguaje mismo que Lacan definió a fin de cuentas como “una elucubración sobre lalengua“.

Del mismo modo, es desde el lugar del Otro del lenguaje como se constituyen los discursos establecidos (leyes, religiones, ideologías, modas…) que, en su pretensión de regulación de la diversidad de goces, ofrecen soluciones colectivas que orienten los modos de arreglárselas con el cuerpo y con los otros. Éstas serán, para algunos sujetos, un auxilio. Para otros, no pudiendo servirse de ellas, la presencia del mundo y/o del cuerpo los urgirá a construir delirios originales “verdaderamente” inventados.

Frente al psicoanálisis, que subvierte todo discurso que promueva una supuesta normalidad, encontramos clasificaciones diagnósticas que, partiendo de una estandarización generalizada, pretenden alojar al sujeto en un “todos iguales” que borra sus diferencias a riesgo de desoír lo más singular que se juega en su sufrimiento, y de silenciar sus síntomas.

Podemos decir entonces que “todo el mundo está en su mundo” es la constatación de la posición profundamente antisegregativa del psicoanálisis, al ser un “todo el mundo” que subraya la marca singular e incomparable de todo sujeto. Y lo es especialmente en su pathos (πάθος), aquello de lo que sufre, pero que es también la oportunidad de transitar la senda que lo convoca a una invención siguiendo el vestigio de su funcionamiento particular, su modo singular de intentar arreglárselas con el goce que lo habita.

Así, siguiendo la orientación de la “ultimísima enseñanza de Lacan”, la clínica de las invenciones singulares nos convoca a ir más allá de la división de conceptos precedentes, como síntoma y fantasma que se aúnan en el de sinthome, sin por ello perder de vista la orientación que encontramos en la clínica estructural que la antecede.

En esta vía, son numerosas las preguntas que se abren: ¿Qué uso hacemos de las formaciones del inconsciente al orientarnos a partir de los acontecimientos del cuerpo? ¿Cómo se articulan la clínica estructural, organizada por el significante del Nombre del Padre, y la clínica nodal, que lo pluraliza en formas singulares de anudamientos? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad de encontrar un lugar común, si cada uno está en su mundo, en aquel que su síntoma fomenta? ¿Cómo, por otra parte, puede llegar el sujeto a constituir su pareja-síntoma? ¿Cómo, también, un delirio puede convertirse algunas veces en vínculo social, incluso en una religio que agrupa a sus creyentes?

Es lo que transitaremos juntos en la preparación de las Jornadas, y en nuestro encuentro en Barcelona.

Laura Canedo y Ruth Pinkasz, directoras de las XXI Jornadas

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