Punto vivo de la sesión del 19 de octubre de 2024:
Tres ensayos de teoría sexual(1)
INSTITUTO DEL CAMPO FREUDIANO DE BARCELONA
CAMPUS CLÍNIC 2024-25
Éric Laurent abordó la presentación del texto freudiano en base a tres aspectos:
- La lectura del texto en sus rasgos sobresalientes junto a la lectura del Seminario 4 de J. Lacan de 1956-57 (2).
- Las modificaciones que Lacan imprime a la noción de pulsión con la lectura de su Seminario 17, en el capítulo dedicado a la clínica de las perversiones.(3)
- La sexualidad infantil, más allá del Complejo de Edipo, respecto a la pulsión por el objeto
Tres ensayos… y el objeto como falta: Lo escandaloso por su abordaje de lo sexual hace ciento veinte años, en la actualidad se ha desplazado, dada la tolerancia a toda clase de aberraciones, la pornografía abierta por todos los canales y desde la edad de doce años -con sus problemas en las regulaciones de los países democráticos. En la actualidad solo hay intolerancia a las violencias sexuales, como fondo de la relación entre sexos y respecto a aquello que fue aceptado durante siglos e inscrito en el discurso religioso. La reconfiguración más igualitaria de la relación entre sexos desplaza la lectura de hace más de un siglo y nos interroga otra vez: ¿cuál es el escándalo de lo sexual que no se puede inscribir en la cultura?
Éric Laurent destacó en primer lugar sobre este artículo que se trata de un work-in-progress, trufado de añadidos y notas al pie que, incluso, aturden al lector. Dificultad que Lacan subraya en el Seminario 4 al advertir que no debe tratarse como una obra escrita de un tirón, la cual resulta casi irreconocible en su primera edición, donde lo esencial de los añadidos data de 1915, después de la Introducción del narcisismo, porque la organización genital infantil sólo es concebible a partir del narcicismo;(4) el niño no tiene conocimiento de las bases biológicas para construir su teoría y la concepción de la fase fálica no fructifica hasta 1923 con la organización genital infantil. Además, solo así se explica lo pregenital.
Ahora bien, Laurent no dejó de remarcar la estrategia de Freud para tratar lo sexual en 1905: para producir ese efecto subversivo empieza tratando la clínica de las perversiones debido a que ese era el tema de debate de su época. Krafft-Ebing se dedicó a las aberraciones dado que Kraepelin había clasificado las psicosis -por rivalidad universitaria- y Havelock Ellis recogió testimonios sobre prácticas sexuales pero sin ninguna crítica -Lacan se refiere a éste último como “práctica canallesca” por publicar de tal manera que no permite evaluar la enunciación del autor. La intención de Freud fue demostrar que en realidad no se sabía de qué se hablaba puesto que ya antes de la Revolución Francesa, en el siglo XVIII, lo sexual y la pornografía florecían y, en cambio, en el final del siglo XIX y comienzos del XX se trata de que el sexo mismo es aberrante pues tiene reglas que no son las del discurso común de la civilización: Las aberraciones no siguen la posición aristotélica, y luego la de san Pablo, respecto a la sexualidad destinada a la reproducción y la organización de la familia con el fin de educar. A partir de este ordenamiento Freud reduce la dispersión infinita del catálogo de aberraciones, centrando una pregunta fundamental ante la falta de unificación de la sexualidad, ante lo múltiple, pero ordenado a partir de la noción de pulsión: qué es y cuál es el objeto en lo sexual.
Una vez descrito el movimiento freudiano desde lo filogenético a lo ontogenético, Éric Laurent comentó una parte importante de los apartados de este texto.
“Negligencia de lo infantil”(5): Es debida al fenómeno de la amnesia sobre el interés sexual en la infancia.
“Latencia y sus interrupciones”(6): le permite a Freud introducir un mecanismo lógico de dos tiempos ya que no es un descubrimiento en tiempo real, sino que siempre hay un conocimiento previo; lo sexual se encuentra en un Nachträglich, après-coup, y con una discrepancia lógica de esos dos tiempos, una reverberancia del descubrimiento sexual sobre el primer descubrimiento de los cinco años. Lo particular de la aportación freudiana es plantear una función subjetiva en la cual hay obstáculos sexuales y cómo la latencia es aprovechada por la civilización para constituir un modo de represión, que es la moralidad sexual. Freud no dice que la represión viene de la moral sino que se aprovecha de algo anterior y fundamental –porque no es culturalista ni freudo-marxista.
“Reacciones y sublimación”(7): Es la primera vez, en 1905, que Freud escribe sobre la noción de sublimación. Con las «Manifestaciones de la sexualidad infantil» (8), el “Autoerotismo”(9)toma pie en Havelock Ellis pero introduce el goce mismo como autoerótico, interrogando de entrada lo que llamamos objeto en lo sexual y cómo se desplazará con el movimiento de la experimentación y el recuerdo -la repetición- hasta llegar a la definición de la pulsión oral como una boca que se besa a sí misma.
“La meta de la sexualidad infantil”(10): ¿Qué es lo que se satisface en la sexualidad infantil y quién se satisface? Es una zona la que se satisface, la zona erógena, y su relación con un yo, una instancia unificadora, no está clara: ésta tiene que haber existido anteriormente para dejar una ocasión de repetirse. Y esta ausencia de referencia a la unicidad es original, el principio del Uno es pluralizado en distintas zonas erógenas que buscan cada una su satisfacción, de modo que la meta de la sexualidad infantil es la repetición.
“Las exteriorizaciones sexuales masturbatorias”(11): Es un título provocador porque ocurre antes de la masturbación genital, con el chupeteo y el placer anal, dado el apoyo de la sexualidad en otras funciones fisiológicas. Aquí se hace patente la investigación de Freud sobre de las declaraciones de los sujetos en la clínica, no sin la implicación del analista – quien paga el precio de la transferencia, en una posición bien distinta a la de Havelock Ellis- para tener acceso a esas manifestaciones.
“Actividad de las zonas genitales”(12): En la época no se contaba con tantos testimonios y Freud trata de introducir lo genital, sin la función vaginal, mediante la función biológica de la micción, homologando pene y clítoris.
“Disposición perversa polimórfica”(13): Freud toma distancia con el factor de la seducción porque, para que ella pueda ser tan efectiva, ha de haber la disposición esencial la cual no es una página en blanco, de tal manera que las excitaciones en zonas corporales puedan ser desviadas hacia las “pulsiones parciales”(14). La investigación sexual infantil, el instinto de saber, el Wissentrieb, es algo propio de Freud, la idea que alimenta las teorías sexuales infantiles -contrapuesta con la constatación, al final, de que no hay ningún deseo de saber- porque en el inicio hay una voluntad, pulsión de saber y dificultad en aceptar. Es un descubrimiento propio del psicoanálisis, aquello que no se encuentra en el discurso común por lo cual se ha de inventar una teoría. Indica un hueco que también es contemporáneo y que no se soluciona con la educación sexual infantil porque ésta no da cuenta de la satisfacción en la repetición que persevera, a pesar de toda educación sea esta religiosa o laica, en la necesidad de construirse algo para cada uno.
“El enigma de la esfinge”(15): Aún sin nombrar al Complejo de Edipo, se trata del enigma de la procedencia de los niños, del complejo de inclusión ante la pregunta ¿de dónde viene el hermanito? La expresión sobre el “deseo de ser un varón”(16), que dio lugar al debate feminista, procesa la pregunta ¿de dónde vienen los niños? con una sola posibilidad de respuesta: tener un pene.
“Concepción sádica del comercio sexual”(17): ¿De dónde viene la crueldad, el sadismo tan frecuente, según la teoría de las zonas erógenas? Freud introduce una condición: ser espectador del comercio sexual concebido entonces como maltrato o abuso de poder. Asignar la voz para el sadismo, la mirada para el voyerismo permite unificar la zona erógena con el objeto sexual pero no da cuenta de la perversión sádica, un horror muy particular, no sólo en relación con el dolor y con manifestaciones muy particulares más allá del vínculo dominar-ser dominado.
“El típico fracaso de la investigación sexual infantil”(18): En psicoanálisis, lo interesante es lo que falla.
“Fases de desarrollo de la organización sexual”(19): El término organización es fundamental, por encima de la preminencia de las zonas erógenas, cada una por su lado. Por tanto, las “Organizaciones pregenitales”(20) es un título muy original, citando otras organizaciones zoomórficas e incluyendo las identificaciones a partir de un modo completo de organización con el que se asimila el mundo exterior: por la repetición erógena oral, con la identificación, el mecanismo más sofisticado de la civilización, que implica al Otro. Primero ocurre la organización canibalística y luego la organización sádico-anal que le permite a Freud introducir el sadismo. Tema que retorna con Melanie Klein y que Lacan organiza criticando la versión kleiniana sobre la vertiente positiva y la vertiente sádica ya que él tomará lo particular de la versión sádica.
“Ambivalencia”(21): Ésta es particular, no se trata del amor-odio y los dos tipos de elección de objeto inciden en el desarrollo ulterior definitivo. Sobre el interrogante de Freud sobre qué es un objeto sexual ver el capítulo III, Hallazgo del objeto, del Seminario 4: la tendencia continuada sobre el objeto perdido, por encontrar el objeto redescubierto del primer destete y la discrepancia consecuente porque la misma repetición es imposible, porque no podría ser el mismo objeto(22). La brecha que existe entre la reduplicación del principio de placer y el principio de realidad: lo que se capta puede ser totalmente distinto de lo que se desea. Es en este mundo de falla, de brecha, que Freud explora la organización pregenital, el sujeto experimenta de modo tal que implica su identificación con el partenaire. Y ello en una relación de espejo que permite a Lacan distinguir la identificación simbólica de la imaginaria: la devoración oral aparece como más sublimada. Lacan introduce lo imaginario en su carácter de reciprocidad distinguiéndolo de la identificación que necesita del complejo de Edipo y del complejo de castración. Lacan salva a Freud: éste aún no había concebido el narcisismo para introducir lo imaginario, por lo que no reformula la fase fálica hasta 1920 (23).
En 1956 tiene lugar el debate de Melanie Klein -que consideraba la organización pregenital sin el complejo de Edipo- con Lacan quien discute el aplastamiento que supone esa consideración porque lo pre-edípico sólo puede ser aprehendido por la formación significante del complejo de Edipo. Como conclusión, Lacan comenta el límite introducido de la libido única, más allá del soporte biológico de las hormonas sexuales, que siempre se presenta de forma más afín a lo masculino, según una concepción imaginaria, algo impuesto por la experiencia psicoanalítica, pero con un límite: Freud entiende que la pulsión es activa inconsciente para las mujeres que ocupan activamente la posición pasiva. Entre 1920 y 1930 las analistas insisten sobre la actividad investigadora de las niñas, más activa que en los niños. Lacan introduce el goce femenino que no tiene representación. Es una manera de leer de manera lógica porque lo que no tiene forma puede encontrar su lugar, pero se necesita la elaboración de la función del goce. Es una manera de leer, de Freud, que sólo la libido masculina está a nuestro alcance.
En referencia a la cultura de la violación: se supone que sólo los hombres saben sobre lo que quieren violar; entonces ¿dónde está el goce femenino? La primera cuestión no se aclara aduciéndola a la pornografía ni al movimiento me too y, la segunda, tampoco con la pornografía femenina. Se constata que las mujeres pueden tener una forma activa del goce pero no se aclara qué es ese goce. Entre los años 1923 y 1933 con los desarrollos freudianos sobre la posición femenina, con el registro imaginario y una libido del yo, algo que no tiene una inscripción clara pero que circula entre el sujeto y el mundo, se trata de la relación imaginaria la que hace lazo entre el sujeto y el mundo.
En el coloquio que siguió a la exposición, Éric Laurent hizo las siguientes puntualizaciones:
En el Seminario 17 Lacan trabaja el anaclitismo para hacer frente al ana-freudismo, donde se construye un sistema analítico en el cual hay un apoyo del sujeto en el objeto en cada momento del desarrollo, y así se sustenta la Psicología del Yo estadounidense (24). Para Lacan el narcisismo es un obstáculo en la relación con el objeto. El sentido del anaclitismo es la falla: el sujeto se apoya en el objeto para sostener la falsa completud imaginaria. Si el yo existe es pasión imaginaria de su sí mismo, que conduce al sacrificio a dioses oscuros, a la muerte.
Se ha de distinguir la relación de poder, de dominación y el sadismo como tal. En el artículo Pegan a un niño el goce es efecto del significante, es algo distinto del sadismo como tal. La fantasía sadiana es una relación imaginaria, pasarlo a lo real como un sistema necesita de la absolutización del goce, la absolutización del sujeto en Kant con la consideración del objeto, el cual no está en Pegan a un niño, y un narcisismo sin freno(25).
Freud, con la distinción del énfasis antiguo sobre el instinto y el moderno sobre el objeto, produce un corte con impacto: sobrestimación – subestimación, pero falta allí el cristianismo -como lo señalaron Kojève y Koyré. Lacan afirma en el Seminario 7 que el amor cortés da cuenta de la consecuencia de la acción del cristianismo entre el mundo antiguo y el moderno (26); así como el maniqueísmo, la poesía amorosa árabe, se registran en el monoteísmo que incluye la sobrestimación del objeto. En la actualidad el empuje al goce es superyoico, puede ser sobrestimación de lo sexual pero es autoerótico, la tendencia a gozar sin partenaire. En la antigüedad, en el Imperio Romano, se gozaba de todo. El movimiento me too es una cierta forma del amor cortés, acentuando el consentimiento más que la igualdad, con la exaltación de lo femenino sobre lo brutal masculino, a la manera de Las Preciosas del siglo XVII: para educar sobre cómo comportarse en el amor, variante del amor cortés. O sea que tenemos por un lado el empuje al goce y por el otro el amor cortés.
Con la Teoría queer tenemos una utopía, la del goce masculino y femenino pasando sin corte del uno al otro, puesto que el goce no es único, sino que hay uno masculino y otro femenino, aunque hombre y mujer sean significantes que pueden cambiar completamente, pero no a nivel del goce. La libido masculina tiene representación y la femenina no, ésta sólo existe como experiencia, sólo se puede experimentar. Pero ello permite pensar los impasses de estas utopías del goce sin corte, con comunidades que quieren distinguirse de otras porque, en efecto, hay conflicto entre los goces de unas y otras.
Rosalba Zaidel
- Freud, S., en Obras Completas, Vol. VII 1905, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1998, pp. 111-224.
- Lacan, J., El Seminario, Libro 4: La relación de objeto, Paidós, Buenos Aires, 1994.
- Lacan, J., El Seminario, Libro 17: El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992.
- Freud, S., “Introducción del narcisismo”, en O.C., Vol. XIV ,1914-1916, op.cit., pp. 65-98.
- Freud, S., “Tres ensayos de teoría sexual”, op. cit., p. 157.
- Op. cit., p. 160.
- Op. cit., p. 161.
- Op. cit., p.163.
- Op. cit., p. 164.
- Op. cit., p. 166.
- Op. cit., p. 168.
- Op. cit., p. 170.
- Op. cit., p. 172.
- Op. cit., p. 174.
- Op. cit., p. 177.
- Op. cit., p. 178.
- Ibídem.
- Ibídem.
- Op. cit., p. 179.
- Ibídem.
- Op.cit., p. 180.
- Lacan, J., El Seminario, Libro 4, op. cit., pp. 16 y 17.
- Op. cit.
- Lacan, J., El Seminario, Libro 17: El reverso del psicoanálisis 1969-1970, Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 292.
- Freud, S., “Pegan a un niño” (1919), O. C. Vol. XVII, pp. 173-199, op.cit.
- Lacan, J., El Seminario, Libro 7: La ética del psicoanálisis, Paidós, 1990
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