Una anotación de Freud al título del primero de los Tres ensayos de teoría sexual

ICF Barcelona. Campus Clínic 2024-25

En el título del primer ensayo, Las aberraciones sexuales encontramos una nota en la que Freud cita los nombres de nueve autores contemporáneos suyos que han tratado el tema. A continuación, voy a situar brevemente a algunos de ellos, cuatro, en el marco de su época.

En relación a lo que se conocía como el instinto sexual, y tratado como tal, había la idea desde tiempos remotos de la existencia de una atracción recíproca entre ambos sexos que emanaba directamente de los órganos sexuales. Los casos que de manera flagrante no entraban en ese orden de cosas eran abordados por lo general dentro de un marco médico-legal.

En esta tradición, en 1844, Pierre-Jean Cabanis publica Rapports du physique et du moral de l’homme, donde al considerar los instintos como una consecuencia de las leyes de formación y desarrollo de los órganos, les atribuye sin embargo un papel en las determinaciones psíquicas de los sentimientos y las pasiones humanas y, por tanto, en sus hábitos morales, lo que le lleva a interesarse por la sexualidad humana.

Veinte años después, en 1864, el jurista alemán Carl Henrich Ulrichs se refiere a la sexualidad con alguien del mismo sexo con el término uranismo y la plantea como congénita pero no patológica, a la par que aboga por su despenalización. Se trataba para él de una disposición singular e irreversible de la naturaleza, de un alma o cerebro de mujer en un cuerpo de hombre (o al contrario), para el que reclamaba un reconocimiento legal que llevara hasta el matrimonio de dos personas del mismo sexo -el término homosexual se acuñó en 1869 en una carta del médico húngaro Karl Benkert al Ministro de Justicia de Hannover defendiendo sus derechos-.

Estas tesis darán lugar a la publicación de nuevos estudios y teorías que surgieron en Alemania durante las décadas de los 60 y 70 del siglo XIX en torno especialmente de la homosexualidad.

En 1870, C. Westphal retoma sus tesis en su obra Sensibilidad sexual contraria, donde introduce el término del título como una sensibilidad sexual opuesta a la de la mayoría, vinculada a la reproducción. Sin embargo, la relaciona con las neurosis en base a la concurrencia de la existencia de una sintomatología neurótica asociada. En adelante, las anomalías del comportamiento sexual se convertirían en un tema clínico de interés creciente en Alemania y otros lugares.

El psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, citado por Freud en su nota, escribe un primer artículo sobre el tema en 1877, y en 1886 publica su célebre tratado Psychopatia sexualis, cuyo contenido ampliará en las sucesivas reediciones. En esta obra, clasifica las perversiones sexuales en cuatro tipos: anestesias, hiperestesias, parestesias (divididas en dos grupos: el primero incluye el sadismo, masoquismo y fetichismo; el segundo grupo la homosexualidad), hiperestesias, o paradoxias infantiles. Las considera congénitas y degenerativas.

Pero, en 1887, el psicólogo francés Alfred Binet cuestionará estas tesis en su artículo Le fetichisme dans l’amour al sustentar que la herencia no puede ser la causa por ejemplo de la inclinación hacia un zapato de un individuo fetichista. Considera que la adquisición de esta perversión es adquirida y contingente. “En el momento en que el amor a un detalle se convierte en preponderante, el politeísmo (de las excitaciones del individuo) se convierte en monoteísmo”.

En 1897, con la séptima edición de su tratado sobre las psicopatías sexuales, Krafft-Ebing define el sadismo y el masoquismo y sitúa la fuente de la homosexualidad en la bisexualidad originaria de la especie y el embrión.

Ese mismo año, el neurólogo y sexólogo Albert Moll, también citado por Freud, publica su gran obra Investigations sur la libido sexualis (encontramos aquí por primera vez el término libido). Basándose en la idea de Max Desnoir (1894) sobre la existencia de una fase de indiferenciación sexual antes de la pubertad, extendió esta teoría a periodos más tempranos de la vida infantil (sin hablar de la existencia de una sexualidad infantil como Freud). Las manifestaciones sexuales en la niñez eran anticipatorias y preparatorias del instinto, que era de naturaleza bisexual, presentaba con frecuencia rasgos perversos, cosa que, sin embargo, no permitía anticipar el desarrollo posterior de una perversión.

Moll, considera que el instinto sexual tiene dos componentes principales: la detumescencia del órgano y la tendencia al contacto físico y moral con el objeto sexual, como las dos vertientes, somática y psíquica, de la sexualidad -el placer de órgano y la relación de objeto, diríamos con Freud.

En cuanto a las perversiones sexuales, las considera como una debilidad constitucional del componente heterosexual normal. Así que, por un lado, Moll libera los estudios psicosexuales de la causa degenerativa, conservando la idea del factor constitucional. Pero, por otro, añade que si dividimos la infancia en dos periodos (de los 4 a los 7 y de los 8 a los 14), las manifestaciones sexuales en el primer periodo siempre pueden ser sospechosas de una disposición mórbida; pero en el segundo ya se presentan manifestaciones netamente sexuales completamente sanas.

Moll, tras Krafft-Ebing y antes de Havelock Ellis, los tres citados por Freud, fueron las autoridades científicas más influyentes en las teorías sobre las perversiones y las teorías sexuales cuando Freud comenzaba sus investigaciones.

El tercer nombre citado es el del médico británico Havelock Ellis, quien en sus Estudios de Psicología sexual (1897-1910), retoma las tesis de Moll sobre la detención del desarrollo sexual en el caso de las perversiones, pero es más cercano a la tesis citada de Binet que da su peso al factor ambiente, en particular a la seducción del niño por el adulto o por otros niños. Asimismo, se aproxima a Freud (cita los casos de Estudios sobre la histeria como ejemplo de satisfacción autoerótica), a la vez que mantiene correspondencia con él. En 1911, escribirá una memoria al Congreso Médico de Australia, titulada The Doctrines de Sigmund Freud, señalando la importancia del psicoanálisis.

Sus teorías fueron muy influyentes en sexología, siendo considerado su maestro por la diputada socialista española Hildegart Rodríguez, asesinada en 1933, cuyas teorías sexuales eran muy avanzadas en la época y el país.

Voy a detenerme por último en el cuarto de los nueve autores citados por Freud en la nota comentada: el médico y sexólogo polaco Magnus Hirschfeld. Junto con Havelock Ellis crearía, en 1928, La liga mundial para la reforma sexual sobre bases científicas.

Hirschfeld fundaría también, en Berlín, el año 1919, el Instituto de Investigación Sexual, que además de un trabajo amplio de asesoramiento, prevención, tratamiento de las ETS, entre otras cosas, realizaron la primera operación de cambio de sexo en 1930. Este Instituto fue clausurado, y sus archivos destruidos públicamente, en 1939 por los nazis.

A todos estos contemporáneos, que como él, fueron pioneros en enfrentar la hiperrígida moral de su tiempo y en luchar por esclarecer las tinieblas que rodeaban la vida sexual del ser hablante, sus complejidades, Freud les rinde un discreto homenaje en esta nota, a la par que nos da una pista de cuál ha sido la literatura consultada para escribir este primer ensayo. Es una pequeña guía que enriquece y ayuda a esclarecer y enmarcar sus tesis en su época.

Margarita Álvarez


Fuente principal: Paul Bercherie, Génesis de los conceptos freudianos, 1980.