Puntos vivos y conexiones sobre la conversación “Amores, hoy”, 6 de junio de 2025.
Organizada por la Comunidad Valenciana de la ELP y los ICF de Valencia y Alicante.
Invitados: Omaïra Meseguer y Manuel Fernández Blanco.

Tras una invitación a participar en una conversación entre la Comunidad Valenciana de la ELP y los Institutos del Campo Freudiano de Alicante y Valencia, con el título de “Amores, Hoy”, conversación orientada hacia el XV Congreso de la AMP, Omaira Meseguer (SCF-AMP) se sirve de una cita de Lacan como forma de responder y aceptar la propuesta. Una cita que lleva su marca de goce y por tanto la orientará en su decir: “De allí parte la idea del amor. Verdaderamente, es la manera más burda de dar a la relación sexual, a ese término que manifiestamente se escamotea, su significado.”(1).

En las relaciones entre los sexos, todo este librado al azar, la partida es compleja y llena de sutilezas, más que encuentro se trata de desencuentro, de desacuerdo; y en ocasiones algo nuevo se produce, tocando el cuerpo y la enunciación por el mero hecho de ser seres hablantes.

Omaïra Meseguer tomará no-todo el título, destacando el amores para llegar decir “hay amores y amores”. Amores que se repiten y otros que sorprendieron por salir de la serie. De ahí lo plural del título que nos muestra la tentativa de descompletar el ideal de la búsqueda y el encuentro con el amor de nuestra vida.

Poniendo en tensión los amores con el axioma lacaniano del próximo congreso “no hay relación sexual”, establece una nueva formulación: “no hay relación sexual, amores”. Una coma que introduce una separación con lo universal del amor, hay, en todo caso, amores.

Al final del seminario XX, cita a Lacan, “no hay allí más que encuentro, encuentro, en la pareja,de los síntomas, de los afectos, de todo en cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual”(2).

Nos introduce el significante “vibrar”, para hablar del encuentro con el otro, algo resuena con el inconsciente de cada uno, no es un encuentro de los seres, sino un encuentro contingente delos síntomas, que produce una incomodidad, ante la que hay varias respuestas en relación alquerer saber, o no, de aquello que nos afecta en el otro y nos conmueve.

Dirá Lacan, “es imposible que el sujeto no desee no saber demasiado en lo tocante a esteencuentro eminentemente contingente con el otro.”(3)

Se tratará en efecto de una cuestión de valentía el poder hacer frente que entre dos no se hace uno, sino que más bien el amor, subraya Omaïra Meseguer, viene a suplir la falta de acuerdo, la ausencia de la relación sexual, ya que por ser hablantes estamos marcados con una lengua propia hecha de huellas de goce, que hará imposible el amor como fusión de dos. Es cómo se habla donde se esconden los detalles que resuenan en el cuerpo, y se constata que ‘hay algo que deja solo’, en palabras de Lacan, “algo que deja a uno en el exilio”.

Volviendo a la cita del principio, nos trae algo testimonial, diciendo cómo lo burdo de la idealización del amor, del amor «pegado», provocó en ella una revolución, pasando de la huida en un principio, al desencadenamiento de la pasión celosa, una vez encontrado, por hacerlo consistir a toda costa, a partir de la creencia en la existencia de la mujer, encerrando a ésta misma en una suerte de complemento con el uno ideal del amor, lo que le llevó a perder ese amor, pero sobre todo, a perderse ella misma en ese ideal de complementariedad.

Hace referencia al capítulo del seminario XX, “el amor y el significante” para destacar comoLacan pasa a la lógica matemática para hablar de las dos dimensiones del Uno, el fusional, y el Uno solo.

Trae un Lacan contra Lacan cuando en el Atolondradicho (4) nos introduce, para articular el uno solo, “la ficción y el canto de la palabra”, con el propósito de que los psicoanalistas no se queden encantados con la melodía del s1 y el s2, que produce el canto de la ficción de la relación entre los significantes. La lógica viene a romper ese canto de sentido único, cerrado, para dar primacía al s1 aislado del s2. Es así como el sujeto en análisis se puede salir de lo que se canta así mismo para seguir gozando. El significante es bruto, dirá Lacan en el s. XX, y la no relación entre ellos evoca a la no relación sexual.

Cuando se da el encuentro es entre dos medios dichos que no se recubren produciendo “una sucia mezcolanza”, sino que se da una conexidad de dos conjuntos distintos con algunas articulaciones, que apuestan por renovarse regularmente, a pesar de la incomodidad que produce. Se trata de amores más dignos, por guardar una manera de tratar la lengua produciendo roces, por conflicto y de cuerpo, nos dirá Omaïra Meseguer con un guiño.

Desde Valencia se invitó a Manuel Fernández Blanco (ELP, AMP), quien propuso asimismo un tomar no todo el título al centrarse en el hoy para hablar de ‘el amor en la época de igualdad’.

Si bien algo ha cambiado en el amor, no todo cambia, y nos advierte que hay algo que permanece en las lógicas de la vida amorosa, ya que entre el hombre y la mujer está el síntoma, que hace al hombre y la mujer gozar de forma distinta, uno separando el goce del amor para acceder a un goce fetichista tomando a la mujer como objeto, y la mujer consintiendo a esto, a través de la mascarada, con la condición de obtener un signo de amor, de ahí su afinidad con la erotomanía, que la salve del estrago.

Si bien esto es lo que prevalece y se mantiene, Manuel F. Blanco nos habla del amor hoy más vinculado actualmente a la imagen y la satisfacción, debido a que el deseo está en jaque.

Se pregunta porque las parejas no se mantienen en el tiempo, y responde con una paradoja; se espera tanto del amor como medio de satisfacción, que al poco tiempo decepciona, y se ha devolver a buscar al amor de nuevo, entregándose la mujer misma a una metonimia, alejándola de la propia metáfora que la constituye.
Nos expone el viraje producido en la lógica de la diferencia sexual, del reino del padre basado en lo universal hemos pasado a una lógica de lo fragmentario, que conlleva a un no todo, pero diferente a como lo entendemos en términos lacanianos. Un no todo por estar fragmentado (de ahí que lo escriba sin guión) lleva a una feminización de las lógicas discursivas, por la aparición de series ilimitadas, que no hacen conjunto, provocando, que la diferencia entre las distintas posiciones, masculino y femenino, se vuelva borrosa, y, se focalice en los pequeños mundos de cada uno, con la consecuencia de la pluralización de los modos de goce.
4 Lacan, Jacques, “El Atolondradicho”. (1972) Otros Escritos.

¿Qué sucede entonces con la feminidad? El modelo de mujer dispuesto por el discurso contemporáneo separa a la mujer del amor, hay un mandato de no enamorarse, que las aleja de su propia condición de goce, y el recurso al que acceden ante esta situación entre los sexos es la maternidad, cada vez más solas, por las dificultades propias con el amor.

Manuel F. Blanco nos señala aquí otra paradoja pues la independencia de la mujer ha conducido a reforzar su posición de madre, que curiosamente era el destino fundamental que tradicionalmente se le adjudicaba a la mujer.

La mujer-madre está angustiada, pues situando al niño como su objeto de goce, la deja desamparada del deseo. Se ha pasado de elevar a la mujer a la dignidad de la cosa, a situar a la mujer como modelo del Ideal del yo, por no hacer semblante de objeto, ella ‘no consiente al modo en que el fantasma de goce miente lo real de la inexistencia de la relación sexual’, en otras palabras, a no ser otra para sí misma. Esto trae como consecuencia la sumisión y dependencia del hombre, aniquiladora del deseo mutuo, abocando a la mujer a la angustia y la soledad, y al hombre solo con su goce clandestino, y en el peor de los casos, arrastrado por la violencia.
En la actualidad la mujer se hace existir, teniendo como consecuencia lo que Miller planteaba como hipótesis, a partir de las quejas femeninas, ‘el que no existe ahora es el hombre’, ‘lo viril está asediado’.(5)

Manuel F. Blanco se concede un atrevimiento al decir, ‘son malos tiempos para la mascarada femenina’. El discurso dominante organizado por los ideales de igualdad produce efectos en la relación entre los sexos, donde se ha pervertido aquello que permanece en la lógica amorosa, llevando a una desorientación en cuanto a lo femenino, y por lo tanto una ‘degradación de la vida amorosa’, pero ahora, de la mano de las mujeres.

‘El psicoanálisis, termina diciendo, es un refugio frente a este malestar entre los sexos, porque sabe que la diferencia sexual, nada tiene que ver con la desigualdad entre los sexos.’

Y, efectivamente, desde el psicoanálisis, es en el síntoma en lo que hacemos la apuesta para ‘reinventar el amor’, en palabras del gran poeta Rimbaud, para que los más valientes se atrevan a querer saber aquello que les hace ‘vibrar’, sin esconderse ni el Uno del amor, ni en-si-mismos y poder pasar del no todo al no-todo.

Amparo Tomás García.

Participante del Instituto del Campo Freudiano de Alicante.


1 Lacan, Jacques, El Seminario 20. Aún. Paidós, (1972-1973), Barcelona, Paidós, 1981, p.63
2 Lacan, Jacques, Ibidem. p. 175
3 Lacan Jacques, Ibidem. p.175
4 Lacan, Jacques, “El Atolondradicho”. (1972) Otros Escritos.
5 Miller, J.-A. Intuiciones Milanesas. (12.05.2002). Revista, Cuadernos de Psicoanálisis n.29