Seminario de Introducción al Psicoanálisis, curso 2024-25
Antena Clínica de Bilbao

Mi lectura se orientó por la pregunta sobre la particularidad de este historial en relación con los que habíamos leído hasta el momento en el contexto del Seminario de Introducción al Psicoanálisis (curso 2024-2025, en Antena Clínica de Bilbao).

Efectivamente, como lo señaló María Verdejo en su introducción, se trata del caso de un niño. Recordemos que en el historial del Hombre de los Lobos (1918) aparece un énfasis al valor probatorio que tiene el análisis de un niño… Freud lo presenta como más digno de confianza…(2) ¿Para qué? La cuestión está relacionada con la importancia de la sexualidad infantil. En varias ocasiones, menciona cómo se pasa hábilmente por alto o se desmiente adrede(3) la participación de esta, la sexualidad infantil, en la conformación de la neurosis.

Este caso le permite a él enlazar la tesis ya formulada tanto en Tres ensayos de teoría sexual (1905) como en La interpretación de los sueños (1900) sobre los vínculos sexuales de los hijos con sus padres(4). En el adulto, dice, esto se encuentra deformado y “[…] se trata de descubrir, estrato por estrato las formaciones psíquicas hasta llegar a ciertos supuestos […]”(5). Hacia el final del historial, Freud contará cómo Juanito de 19 años, al leer su propio historial clínico, no pudo acordarse de nada y solo el viaje a Gmunden le produjo “una chispa de recuerdo”(6).

El caso, además, contribuye al entendimiento de la fobia y de la vida anímica infantil —Freud insiste en prestar total atención a lo que dice el niño.

Tres cuestiones me han ayudado a navegar por el historial: el deseo de saber, la angustia y la función de la fobia.

EL DESEO DE SABER

     El wiwimacher.

Las primeras comunicaciones sobre Juanito, por parte del padre, se sitúan un poco antes de cumplir los tres años. En este tiempo el niño exterioriza un interés por la parte del cuerpo que denomina “hace-pipí” y lo hace por medio de señalamientos y preguntas.

A la pregunta, su madre responde que ella tiene, mostrando el juego de una división de funciones de este llamado “hace-pipí”: efectivamente, ella tiene un órgano para hacer pipí, pero su respuesta no tiene en cuenta la cuestión que tiene que ver con una presencia y una falta, que tiene que ver con la división sexual. Freud señala que el nombre que da Juanito a este órgano surge de acuerdo con una de sus dos funciones. La otra queda en suspenso.

Entonces, aunque Juanito lo llame de esa manera, en su pregunta, hay algo más en juego. Algo de su cuerpo sobresale, en los dos sentidos de la palabra, y produce un interés por tocar y por preguntar. Tiene otro estatuto.

Toda esta investigación que inicia Juanito sobre el llamado “hace-pipí” se enlaza con el deseo de saber, quedando atados deseo de saber y curiosidad sexual, dice Freud, y esta “le permite unos correctos discernimientos conceptuales”(7). Por ejemplo, distingue entre seres vivos y cosas inanimadas al presuponer la presencia de este órgano en todo ser vivo, incluida su hermana, “no dejándose disuadir por lo que ve […]”. “¿Qué implicaría constatar la falta de este en un ser semejante a él?”, pregunta Freud. “Importaría”, dice, “[…] una sacudida demasiado violenta de su ‘cosmovisión’”(8). Por eso, agrega, el efecto de la amenaza de la madre alrededor de los 3 años y medio(9) no se exteriorizará hasta un período posterior.

Un año después Juanito mira de nuevo cómo bañan a su hermana y empieza a reír: “Me río del hace-pipí de Hanna […] porque es muy bonito”(10). Esta sería la primera vez que Juanito admitiría la diferencia.

    De dónde vienen los niños.

Poco después de la mencionada amenaza de castración, nace Hanna. Este acontecimiento llega a agitar la vida de Juanito e introduce tres cuestiones que no lo dejan tranquilo: la privación—ahora tiene que compartir a su madre con su hermana, reduciéndose los cuidados y la atención que recibe; se incrementa su necesidad erótica y la falta de satisfacción—al ver todo lo que hace la madre con su hermana le retornan vivencias placenteras; y se le plantea el gran enigma: saber de dónde vienen los hijos.

Inicialmente, el niño intenta conectar el movimiento en casa la noche del parto con la llegada de la tan anunciada cigüeña, pero algo no encaja. Cuando entra en la habitación donde está su madre, Juanito se da cuenta de que la llegada de Hanna la involucra a ella, la madre —el gemido, la bacinilla con sangre, la madre tumbada en la cama, la desaparición de la barriga, la aparición de la niña— y todo esto hace que la historia de la cigüeña pierda su fuerza.

Juanito infiere, pues, que Hanna había estado en el vientre de la madre y pasa, según Freud, a ocuparse del tema del Lumpf. Freud defiende que el pasaje del tema del nacimiento a través del complejo de excreción surge solo en Juanito, sin influencia del padre, y aprovecha para señalar que “es posible distinguir con toda nitidez dónde [Juanito] falsea o se reserva cosas bajo la compulsión de una resistencia, dónde […] adhiere al parecer de su padre […] y dónde, liberado de la presión, comunica a borbotones lo que es su verdad interior […]”(11).

De nuevo, un año después y a través de la acción sintomática con la muñeca Grete, Juanito se representa un nacimiento(12). La insistente fantasía sobre cómo su hermana ya estuvo con ellos en Gmunden el verano antes de su nacimiento igualmente muestra que sabe de dónde ha venido la niña —de la madre.

La cuestión es que algo quedará suelto en la pregunta por los hijos: como aparece en el apartado Epicrisis, ¿qué tenía que ver su padre en todo eso? Porque, al fin y al cabo, los dos, Hanna y Juanito, eran también sus hijos aunque los haya parido la madre(13). En las respuestas obtenidas durante la investigación marcada anteriormente —la pregunta por el wiwimacher y por los hijos—, el padre queda excluido.

LA ANGUSTIA

Alrededor de los 4 años y 9 meses, el padre acude a Freud a raíz de una perturbación nerviosa en Juanito.

En la reconstrucción de este acontecimiento, Freud sitúa el inicio de la angustia a partir de dos momentos: el tiempo, ya mencionado, de excitación sexual acrecentada, y un sueño de castigo y represión. Los momentos de excitación sexual acrecentada se pueden suponer por los intentos de seducir a la madre durante los episodios veraniegos(14). En el sueño(15) se interpreta que “el niño ha soñado sobre ternuras con su madre, sobre dormir con ella; todo placer se ha mudado en angustia y todo contenido de representación se ha mudado en su contrario”(16). El punto aquí: el giro de la excitación sexual, de la libido, a la angustia [Verkehrung— de placer hacia displacer].

Sin embargo, en este primer momento, Juanito no dice qué le produce el malestar, solo dice que desea permanecer junto a la madre. Pero algo queda velado porque igualmente, cuando está ella, se angustia.

Freud interpreta que la angustia se encontraría conectada al deseo de muerte del padre. Juanito disfrutaba de estar solo con la madre cuando, durante la estancia en la residencia veraniega, el padre partía de viaje. Así pues, al volver a Viena, “el deseo de eliminarlo estaba muy justificado”(17). Verse forzado a odiar como competidor a ese mismo padre a quien también amaba dio por resultado el primer conflicto de sentimientos.

Es en un segundo tiempo (unos días después) cuando el niño puede exteriorizar que teme que un caballo lo muerda. Freud sostiene que, en el caso de Juanito, esta fobia prescinde del espacio —¿familiar al exterior y del inconsciente al lenguaje?— y toma con claridad al caballo como objeto. La pregunta por la angustia inicial se traslada a un miedo en concreto: “Tuve miedo de que un caballo me mordiera”(18) y se abre una vía.

¿Por qué el caballo? La explicación, por parte de los padres, es que la angustia habría surgido como consecuencia de su intento para deshabituarlo de la masturbación. Y que el miedo a que lo muerda un caballo estaría conectado a una escena en Gmunden en la que Juanito presenció cómo un padre advertía a su hija: ‘No le pases el dedo al caballo; de lo contrario te morderá’. Esta primera explicación se encuentra a través de una asociación: “el texto con que Hans viste la advertencia de [aquel] padre recuerda a la versión textual de la advertencia contra el onanismo (no pasar el dedo)”(19).

Juanito dará otros detalles sobre el caballo —además del miedo a animales grandes y la fantasía de la jirafa arrugada y la jirafa grande— que desvían esta primera explicación y no será hasta la visita a Freud que se entrará realmente en la ensambladura de la fobia y se pensará su función.

LA FUNCIÓN DE LA FOBIA

En la visita de Juanito, Freud asocia las anteojeras y lo negro de alrededor de la “boca” del caballo con las gafas y el bigote del padre y le interpreta el miedo al niño: se trata de un miedo a su padre por justamente querer tanto a mamá. Le asegura que aunque él crea que su padre le tiene rabia, eso no es cierto, y le comenta que el padre había sido advertido por él (Freud) de esto mucho antes de que él (Juanito) naciera.

El padre interrumpe la intervención. No puede creer que Juanito piense que él (el padre) le tiene rabia y dice Freud: “[…] ahora él [el padre] lo entendía como expresión de la predisposición hostil del pequeño hacia él, quizá también como exteriorización de la necesidad de recibir a cambio un castigo”(20).

Al volver a casa, Juanito pregunta a ver si acaso el profesor habla con el buen Dios, pues puede saberlo todo desde antes. La interpretación de Freud ha tenido un efecto en Juanito y, con este esclarecimiento, el análisis da un giro y se empieza a desovillar la fobia.

Los desplazamientos (a diferentes caballos, carruajes, bañeras, estaciones) permiten extraer escenas que han dejado huella en Juanito y aprehender posibles relaciones inconscientes, a partir de lo que cuenta y acentúa el niño.

Por ejemplo, esta la escena del paseo con la madre que antecedió al estallido de la enfermedad: vio un caballo de diligencia tumbarse y patalear, se aterrorizó mucho, creyó que el caballo estaba muerto.

O la escena en la que Fritzl tropieza con una piedra y cae al suelo. Es allí, dice, que cree haber cogido “la tontería”, porque los niños siempre decían “por causa del caballo” y acentúa y repite “por causa de” (wegen en homofonía con Wägen, la manera en que Juanito pronuncia ‘carruaje’).

A pesar de la mejoría que anuncia el padre, se evidencia un detalle: Juanito sigue tropezando con la pregunta por el padre. Hay una escena en la que muestra su confusión ante la insistencia del padre por interpretar su deseo (el de Juanito) de ser el papi y el niño le responde: “Un papi no se consigue ningún hijo, ¿cómo es la historia de que a mí me gustaría ser el papi?”. Freud observa que “se nota con claridad cómo la felicidad en la fantasía se le estropea aún por la incerteza acerca del papel del padre y la duda sobre quién gobierna la obtención de los hijos”(21).

Hacia el final del historial, Freud dice que, de haber estado en sus manos, le habría esclarecido al niño eso que sus padres le mantuvieron en reserva y que “Hans sólo podía vislumbrar oscuramente. Era preciso que algo tuviera que ver con ello el hace-pipí, cuya excitación acompañaba a todos estos pensamientos, […], debía tratarse de una acción violenta perpetrada en la mamá, una rotura, una perforación, una penetración en un recinto clausurado; el niño podía sentir dentro de sí el impulso a ello”(22). Freud aborda de manera directa la cuestión de la excitación en Juanito como parte de la interrogación del niño.

La fobia fue, en su propósito y contenido, “[…] una potente reacción contra [tales impulsos motores] que, en particular, querían volverse contra la madre. El caballo fue siempre para el niño el modelo del placer de movimiento […], pero como este placer de movimiento incluye el impulso al coito, la neurosis lo limit[ó], y el caballo [fue] entronizado como imagen sensorial del terror”(23). “En estos dos efectos”, dice Freud, “se evidencia la naturaleza genuina de una contracción de neurosis”(24).

Tres fantasías determinan el final de la enfermedad y del análisis:

  • La fantasía en la que lleva a sus hijos al inodoro —ellos miran, los limpia— que se interpreta como un desplazamiento de la cuestión del placer genital y excrementicio hacia los hijos imaginarios, y que, de esta manera, no sea totalmente negada(25).
  • La fantasía del padre que deviene abuelo. Según Freud, encuentra una solución concediéndole al padre el lugar del abuelo, en lugar de eliminarlo, y también a él lo casa con su propia madre(26). En nuestro encuentro se agregó que es una fantasía que funcionaría como una puesta en escena que le permite a Juanito incluirse en una genealogía y que da cuenta del efecto que tuvo la intervención de Freud.
  • La fantasía del instalador, que cuenta en medio de resistencias(27). Freud señala que queda superada la angustia proveniente del complejo de castración en la que la expectativa penosa da la vuelta hacia una dicha(28).

Juanito hablará ahora de la tontería en pasado. El padre aclara que queda un resto que se exterioriza con preguntas sobre cómo se construyen las cosas (aunque dice que casi siempre el niño hace la pregunta cuando ya se ha dado la respuesta). El detalle en el reporte del padre está en que “Hans se devana los sesos para averiguar qué tiene que ver el padre con el hijo, puesto que es la madre quien lo trae al mundo. (…) No tiene en claro la razón por la cual me pertenece”(29).


  1. Freud, S. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans)”, Obras Completas, Vol. X, Amorrortu, Buenos Aires, 2021.
  2. Freud, S. “De la historia de una neurosis infantil (caso del “hombre de los lobos”), Obras Completas, Vol. XVII, Amorrortu, Buenos Aires, 2022, p.10.
  3. Freud, S. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans)”, Obras Completas, op. cit., p.8.
  4. Además, Freud menciona este caso, incluso antes de publicarlo, en sus trabajos “El esclarecimiento sexual del niño” y “Sobre las teorías sexuales infantiles”.
  5. Ibid., p.7.
  6. Ibid., p.118.
  7. Ibid., p.10.
  8. Ibid., p.87-88.
  9. Ibid., p.9.
  10. Ibid., p.20.
  11. Ibid., p.85.
  12. Ibid., p.70-71.
  13. Ibid., p.107-108.
  14. Segunda estadía en Gmunden. Le pide que le pase el dedo por ahí tras un baño (con 4 años y medio); al anochecer, solía irse a la cama mimoso y la mamá lo acogía siempre en su lecho; le comenta lo que ha dicho su tía sobre su ‘pichilín’. Todo esto “se aligera cada anochecer en una satisfacción masturbatoria” (97) (4 años y 9 meses).
  15. Juanito, con 4 años y 9 meses aparece llorando a la mañana y le dice a su madre que cuando dormía ha pensado que ella estaba lejos y él no tenía ninguna mami para hacer cumplidos (Ibid., p.22.) (hacer cumplidos, explica el padre, es una expresión que usa Juanito para el término “acariciar”).
  16. Ibid., p.96.
  17. Ibid., p.107-108.
  18. Ibid., p.22.
  19. Ibid., p.97.
  20. Ibid., p.37.
  21. Ibid., p.77.
  22. Ibid., p.108.
  23. Ibid., p.111.
  24. Ibid., p.112.
  25. Ibid., p.88-89.
  26. Ibid., p.80.
  27. Ibid., p.81.
  28. Ibid., p.83.
  29. Ibid., p.82-83.